El informe señala que la reducción del circulante no significa simplemente que el dinero haya desaparecido, sino que existen zonas donde el acceso a billetes se ha vuelto cada vez más complicado.
De acuerdo con Denaria, alrededor de 1.2 millones de argentinos viven en localidades ubicadas a más de 10 kilómetros de un cajero automático, una terminal de cobro o una sucursal bancaria.
Además, la organización identificó 1,010 localidades como “desiertos de efectivo”, debido a que sus habitantes deben trasladarse al menos 15 kilómetros para encontrar un punto de acceso a billetes.
La situación adquiere otra dimensión en comunidades donde tampoco existe una conexión adecuada a internet. El informe contabiliza 980 localidades afectadas simultáneamente por falta de efectivo y conectividad, una situación que alcanza a 562,690 personas.
Menos billetes no significa necesariamente menos dinero
La reducción en la cantidad de billetes físicos debe distinguirse del valor monetario total. Parte del fenómeno está relacionado con la utilización de denominaciones de mayor valor.
Un ejemplo es el billete de 1,000 pesos argentinos, cuya circulación alcanzó un máximo de 6,212 millones de unidades en julio de 2024, pero cayó a 1,203.9 millones en agosto de 2026. Paralelamente, aumentó la presencia de billetes de 10,000 y 20,000 pesos.
Esto significa que una menor cantidad de billetes puede representar montos similares cuando las denominaciones utilizadas son mayores.
El informe de Denaria también advierte sobre la llamada doble exclusión financiera, que ocurre cuando una comunidad tiene dificultades tanto para obtener efectivo como para utilizar alternativas digitales por falta de conectividad.
La Plataforma Denaria, organización nacida en España y posteriormente extendida a Portugal y Chile, anunció su llegada a Argentina con este diagnóstico sobre el acceso al efectivo y los servicios financieros.

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