Estados Unidos retiró a sus últimos 2,500 soldados de Irak, poniendo fin a una misión militar de 12 años contra el Estado Islámico.
La retirada se completó el 30 de septiembre de 2026, como parte del acuerdo alcanzado entre Washington y Bagdad en 2024.
Con la salida de las tropas estadounidenses termina formalmente la Operación Inherent Resolve, iniciada en 2014 para combatir al Estado Islámico, organización que había tomado amplias zonas de Irak y Siria.
Aunque el grupo perdió el control territorial en Irak en 2017, sus remanentes continúan representando un desafío de seguridad. A partir de ahora, el Gobierno iraquí tendrá la responsabilidad principal de enfrentar esas amenazas y mantener la estabilidad interna.
La retirada también pone fin a más de dos décadas de presencia militar estadounidense en Irak, iniciada con la invasión de 2003, seguida por el retiro de tropas en 2011 y su regreso en 2014.
Milicias y minorías representan los principales desafíos
Uno de los asuntos pendientes es el futuro de las milicias armadas vinculadas con Irán. Bagdad extendió hasta el 30 de junio de 2027 el plazo para que los grupos armados entreguen progresivamente sus armas y se integren bajo control estatal.
Sin embargo, algunos de los grupos más poderosos han rechazado el desarme o no han mostrado disposición a abandonar sus armas, lo que mantiene abierta la discusión sobre el control de la seguridad nacional.
Otro punto de preocupación se encuentra en la región autónoma del Kurdistán iraquí, donde Estados Unidos también retiró personal y sistemas de defensa aérea.
Autoridades kurdas han expresado preocupación por posibles ataques con drones y misiles, mientras analistas citados por DW advierten que comunidades vulnerables, entre ellas cristianos, yazidíes y kurdos, podrían quedar más expuestas.
La salida militar no significa el fin de la relación entre Washington y Bagdad. Expertos citados por DW señalan que los vínculos podrían orientarse ahora hacia cooperación económica y defensa bilateral, en lugar de una relación centrada principalmente en la presencia militar estadounidense.
Para Irak, el 1 de octubre marca el inicio de una nueva etapa que el Gobierno ha presentado como un momento de mayor soberanía nacional, aunque persisten interrogantes sobre la capacidad del Estado para controlar a todos los grupos armados y responder a las amenazas regionales.

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