Esta reflexión lleva dedicatoria por una injusticia cometida contra un servidor público preparado a nivel de excelencia, intachable, eficiente y eficaz, en algún lugar de nuestro México querido, toda similitud con algún conocido es mera coincidencia.
El pensador Florentino desmantela la concepción equivocada de que la virtud o el mérito moral conducen inevitablemente al éxito, en su obra máxima “El Tratado del Príncipe” aclara que el acceso al poder no responde a un orden de justicia, ni mérito personal, si no a una compleja maraña de aptitudes como la astucia, sagacidad y determinación en algunos casos y en otros por la Diosa Fortuna.
Caso conocido de como una secretaria de oficina de un partido político en Tamaulipas, se vio favorecida con una suplencia de Senador al no encontrar quien aceptara ese encargo, su jefe a la postre Senador de la República, le dijo ponte tú de suplente, así lo hizo, corría el año del 2000, que gana Fox y su efecto hizo ganar a muchos en el país aún sin hacer campaña, su jefe llegó al Senado y fallece de una enfermedad.- la suerte estuvo de su lado y fue Senadora de la República sin hacer campaña, sin ser política.- así opera la diosa Fortuna.
Así sucede en todos los gobiernos del mundo, llegan personajes impensables, sin perfil a cargos de importancia, haciendo a un lado a personas altamente preparadas, gente imberbe, sin experiencia, sin discurso, o demasiado caducos no sólo por su edad si no por sus ocurrencias del siglo pasado en que rifaba la improvisación y el compadrazgo, lo malo es que esos errores los sufre la ciudadanía en su bienestar y en su economía personal.
Para Maquiavelo, las personas que alcanzan la cúspide con rapidez por Fortuna o por el favor de terceros son vulnerables, frágiles, al no contar con liderazgo o conocimiento y depender del favor de terceros para sostenerse o de la voluntad política de quienes los impusieron, máxime en dependencias problemáticas y sujetas al escrutinio público.
Esta desconexión entre el mérito y el éxito afecta tremendamente la superación a través de la educación y la concreción del fallido servicio civil de carrera, toda vez que la excelencia técnica y la integridad moral, se ven opacados por factores ajenos a la capacidad personal, dándole entrada a perfiles mediocres que se manejan bajo la lógica de la conveniencia del grupo en el poder.
De esta aparente injusticia surge una paradoja fundamental: las dinámicas de «perdiendo ganas» y «ganando pierdes».
Por un lado, el concepto de «perdiendo ganas» adquiere sentido cuando la derrota formal se transforma en una ganancia estructural o moral. Sufrir un revés o ser desplazado por alguien de menores méritos suele liberar al individuo de los costes imprevistos que exige el mantenimiento del poder.
La derrota preserva la autonomía personal, la reputación intacta y la libertad intelectual, lejos de las exigencias corrosivas y la paranoia inherentes al mando. Además, el fracaso bien procesado brinda un aprendizaje estratégico que la victoria fácil jamás podría otorgar, fortaleciendo el carácter para futuras contiendas.
Por otro lado, la noción de «ganando pierdes» describe la trampa en la que caen aquellos que triunfan a costa de su propia integridad o mediante mecanismos ilegítimos. Al alcanzar el poder sin una base sólida de mérito propio, la victoria se convierte en una carga asfixiante. El ganador se ve obligado a invertir toda su energía en sostener una posición inestable, rodeado de desconfianza y enfrentando la constante amenaza de ser depuesto. En este proceso, se pierden la paz mental, la autenticidad y el respeto genuino de los demás.
En última instancia, la lección de Maquiavelo no incita al cinismo, sino a una comprensión pragmática de la realidad. El poder y el éxito exterior son efímeros y no siempre guardan relación con el mérito real. Comprender que no siempre vence el mejor permite desligar el valor personal de los resultados inmediatos, reconociendo que a veces la mayor victoria reside en conservar la dignidad en la derrota, mientras que la peor derrota ocurre al perderse a uno mismo en el triunfo.

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