De acuerdo con las autoridades sanitarias y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el brote suma 3 mil 532 casos confirmados y mil 556 fallecimientos, cifras que lo colocan únicamente por debajo de la epidemia registrada en África Occidental entre 2014 y 2016.
El virus responsable es la cepa Bundibugyo, para la cual aún no existe una vacuna ni un tratamiento aprobado, lo que ha complicado las labores de contención en las provincias orientales del país.
Conflicto y falta de recursos dificultan el control
La respuesta sanitaria enfrenta importantes obstáculos debido a la violencia armada, el desplazamiento de comunidades, la desconfianza hacia el personal médico y la escasez de financiamiento internacional.
La OMS mantiene que el riesgo global continúa siendo bajo, aunque advirtió que la vigilancia epidemiológica es limitada y que el número real de contagios podría ser considerablemente mayor. Organismos internacionales estiman que se requieren 1,400 millones de dólares para contener la emergencia sanitaria.

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