Hay hombres que dejan una imborrable huella por la vida, especialmente aquellos que han destacado en el quehacer público, a través de las décadas y de las circunstancias, como lo es el siguiente pasaje desarrollado en Ocampo, Tamaulipas.
Don Silvestre Ávalos Guerrero +), nació el 1 de enero de 1924 en el Rancho El Manchón, mismo que a partir de 1938 se le denominó Ejido Libio Guerra Leal, casó con Rosalba Gutiérrez Maldonado, tiene 5 hijos de nombre, Judith, Norma Isela, Gilberto, Alfredo y Sorel.
Hace varios años, en una entrevista citó que, en 1936, terminó su instrucción primaria en la Escuela “Benito Juárez”, hoy “Estefanía Castañeda” de su tierra natal, por esa época las aulas eran de madera y pajiza, su maestra de Sexto Grado fue Julia Abundis.
Y que cuando cumplió los 20 años de edad, practicaba la cacería de conejo y venado cola blanca en los montes de esa comunidad rural, siempre portando una escopeta 16 o un rifle 22, además trabajaba en la siembra de maíz, ajonjolí y fríjol en una parcela de su propiedad, para su mala fortuna en ocasiones la cosecha no resultaba exitosa, por la excesiva humedad imperante en la zona.
Relató que, a su corta edad, empezó a incursionar en actividades sociales, por ese entonces fue nombrado Comisariado Ejidal, dándose a conocer en toda la región, ya que asistía a reuniones de carácter municipal, durante el trienio del alcalde Bonifacio Camacho Rodríguez, 1949-1951, es electo Primer Regidor del Ayuntamiento local, sin embargo, no fungió como tal, al ser designado Juez de Paz, por el Tribunal Superior de Justicia del Estado.
Más tarde repitió en el cargo de concejal, al ser parte del Cabildo en las administraciones de Ángel Trejo Turrubiates (1952-1954) y Román Lucio Torres (1963-1965), por estos lustros el Señor Ávalos combinaba el gusto por la política con las tareas del campo, cerca del sitio llamado “La Sierrita”.
En el periodo del edil Florencio Montelongo Sifuentes (1966-1968), Don Silvestre también laboró como Auxiliar del Síndico, Ramón Espriella Rodríguez, posteriormente en la gestión del munícipe Natividad Aguillón Yánez (1969-1971), nuestro personaje es dirigente del Comité Regional Campesino.
A finales de 1971, el nativo de Libio Guerra Leal, contando con el apoyo del grueso de las asociaciones y sindicatos de Ocampo, es favorecido con la Candidatura Oficial del Revolucionario Institucional a la Presidencia del lugar y a la postre es ungido como el Jefe de la Comuna, para el ciclo 1972-1974.
Su acceso al poder fue en los tiempos del mandatario Manuel A. Ravizé, el ocampense señala que como los recursos eran limitados, efectuó un viaje a la Ciudad de México, donde logra entrevistarse con Don Enrique Cárdenas González, alto funcionario del sexenio de Luis Echeverría Álvarez, quien por su conducto consiguió en la Secretaría de Obras, una importante suma de 300 mil pesos que sirvieron para la Construcción del Drenaje en la cabecera.
Al concluir su mandato, asume la titularidad Raymundo Castillo Guzmán (1975-1977), enseguida le sucede en el puesto Juan Sánchez Ramírez (1978-1980), en el último trimestre de este lapso y respaldado por el Grupo Político “Francisco Villa”, en una Convención de delegados celebrada, confirma un auténtico liderazgo al obtener una copiosa votación de los priistas, que lo enquistan nuevamente en la Candidatura del tricolor a la Presidencia.
En la temporada de 1981-1983, regresa a la alcaldía Silvestre Ávalos, teniendo una mayor experiencia en los asuntos gubernamentales, coincidiendo con el arribo del Doctor Emilio Martínez Manautou a la silla de Tamaulipas, en este régimen a nivel doméstico, resalta el Empedrado de varias arterias citadinas.
Desde luego que el dirigir los destinos de un pueblo, de igual forma le dieron sinsabores, puesto que meses antes de terminar su segunda encomienda, su Jefe policíaco asesinó a dos residentes del Ejido Ricardo Flores Magón, en tanto que la ciudadanía se manifestó enérgicamente, por este incalificable hecho, una vez devuelta la calma continúa con su distinguida responsabilidad.
Don Silvestre Ávalos al acabar su jefatura, de modo humilde retornó al suelo que lo vio nacer, y se retiró de los menesteres de la “grilla”.
Pero en reconocimiento a su labor como alcalde la primera ocasión y al trabajo permanente en beneficio de los ocampenses desde diversas trincheras, tuvo la confianza de las bases para gobernar en dos periodos al Vergel de Tamaulipas, donde siguen recordando sus buenas obras y acciones.
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