Una gran parte de las calles y avenidas de la capital tamaulipeca están fracturadas por zanjas y más zanjas en sitios que alguna vez fueron pavimento de concreto y asfáltico.
Algunas, las más pronunciadas, provienen de la ruptura de los pavimentos para conectar tomas de agua o drenaje en viviendas o terrenos; otras más aparecieron desde la instalación de la nueva red de semáforos y muchas más por una y mil razones que solo tienen una explicación: la falta de mantenimiento a la infraestructura urbana victorense.
Zanjas en el pavimento que, para nada, tienen que ver con baches o destrucción de los mismos por las corrientes de agua en las semanas que ha llovido. Eso sí, cada vez son más profundas y pueden llegar a generar accidentes viales, porque alguien que no esté acostumbrado a esos pozos longitudinales puede perder el control de la unidad y chocar o impactarse contra camellones y banquetas.
Ciudad Victoria, Ciudad de zanjas, podría ser el nuevo mote de la capital tamaulipeca, como resultado de la ilógica con que se reparan los pavimentos una vez que se logró el propósito de las zanjas, que fue colocar cableado, aunque también tiene que ver con no invertir aquello que sea necesario para dejar los pavimentos como estaban.
En el caso de las zanjas que se abrieron donde hay asfalto, la lógica indica que, en lugar de dejar al ras de la calle la cubierta de asfalto, deberían considerar un agregado para que la zanja quede con una pronunciación convexa, tipo una lomita, misma que desaparecería por el paso de los vehículos. Vamos, si se comparara con una cuchara, el asfalto debería quedar como si la cuchara estuviera volteada hacia abajo.
Como esto costaría un poco más, porque se requiere más material, las empresas zanjadoras mejor dejan la reparación al ras del pavimento; sin embargo, con el paso de los días y de los vehículos, eso se convierte en un sitio cóncavo, es decir, un hoyo longitudinal que durará allí por tiempo indefinido mientras las autoridades municipales no tomen cartas en el asunto.
En los sitios en los cuales hay pavimento de concreto, hacer el ejercicio de tapar la zanja con material y darle la forma convexa también costaría más; por eso la tapan con asfalto, dado que sale más barato. Pero, con el paso de los días y de los vehículos, el asfalto se hunde y el concreto se quiebra hasta convertirse en una zanja de mayores dimensiones.
Que se pudo evitar el zanjerío, claro que sí, porque las empresas deben solicitar la autorización al Ayuntamiento para la realización de las zanjas y, en el documento de aprobación, debería quedar bien claro que la reparación deberá hacerse con el mismo tipo de material que se retiró y que su colocación debe ser en forma convexa para que, con el paso del tiempo, no se convierta en un pozo.
La observación respecto a las zanjas que hay en toda la ciudad fue considerada por otras personas como peccata minuta, comparada con los baches que hay; sin embargo, la diferencia es que las zanjas alguien las hizo y no reparó de manera correcta los pavimentos luego de lograr un propósito y, en el caso de los baches, aparecieron por el tránsito vehicular.
El punto es que ahora la Dirección de Obras Públicas y la de Servicios Públicos tienen que resolver los dos problemas, y requerirá de más inversión, con el riesgo de que las zanjas se queden, porque quizá las autoridades no las consideren como baches y, al no serlo, no programen la reparación. Y la verdad, en el caso de las zanjas en las inmediaciones de los semáforos, la empresa que las hizo ya se fue de Victoria hace mucho tiempo y no vendrá a reparar el daño por su cuenta.
Los otros
En el seno del Consejo Consultivo para el Rescate de la Laguna La Escondida y la Rehabilitación del Parque Cultural Reynosa, cuya segunda mesa de trabajo presidió el gobernador, doctor Américo Villarreal Anaya, fueron revisados los avances, acciones y seguimiento del Plan Maestro Integral.
Ello, bajo la exclamación del mandatario tamaulipeco de que van a rescatar esa Área Natural Protegida para mejorar la infraestructura urbana, el transporte y los espacios físicos que permitirán el aprovechamiento social de la Laguna La Escondida.
Para que esto suceda, es indispensable la participación de todos los sectores y, de lograrse, en el caso especial de Reynosa tendría que hablarse de un hito, porque en la ciudad más poblada de la entidad aquello que menos existe es coincidencia de los grupos sociales, empresariales y políticos como frente común.
Sin embargo, el proyecto de regeneración ambiental, urbana, social y económica bien vale la pena para alcanzar coincidencias, en el entendido de que, desde la perspectiva del Gobierno del Estado, se avanza con la idea de devolver a las familias un espacio digno para la integración del tejido social, pero de manera especial en un esquema donde el agua y la biodiversidad son el corazón del proyecto.
Las organizaciones de la sociedad civil y legisladores que asistieron a la segunda mesa de trabajo del Consejo Consultivo respaldaron la visión del gobernador Villarreal Anaya para el rescate de la Laguna La Escondida, de la cual se retiraron ya 325 toneladas de residuos y lirio acuático, colocándose señalética en la que se advierte de sanciones a quienes arrojen desechos o hagan uso indebido del área protegida.

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