El Gobierno de Rusia prohibió la exportación de diésel a los productores de derivados del petróleo. Esta medida extiende una restricción previa que solo afectaba a intermediarios comerciales y responde directamente a la pérdida de capacidad de refinación provocada por las incursiones ucranianas en las últimas semanas.
La restricción se mantendrá vigente al menos hasta el 31 de julio. El Kremlin justificó la decisión bajo el argumento de garantizar el suministro y mantener la estabilidad en el mercado interno de combustible, en un escenario de creciente presión sobre los flujos energéticos globales.
El impacto de las operaciones militares en el suministro ruso
La ampliación del veto paraliza la mayor parte de los envíos externos de combustible. Rusia reconoció una escasez interna de carburantes debido a los daños que provocaron los bombardeos operados por las fuerzas de Volodímir Zelenski contra complejos industriales en la región del Volga.
El presidente ruso, Vládimir Putin, señaló que estas acciones buscan desestabilizar la economía y generar incertidumbre social. El mandatario calificó los objetivos del Gobierno ucraniano como inalcanzables durante una reunión de evaluación con miembros de la agencia de noticias TASS.
Plan de contingencia energética del Kremlin
Las autoridades rusas implementaron un paquete de medidas de emergencia para contener el desabasto regional. El plan incluye la liberación inmediata de reservas estratégicas de combustible al mercado interno y la aceleración de los periodos de mantenimiento técnico en las plantas que siguen activas.
El vice primer ministro, Alexander Novak, confirmó que las refinerías operan a su máxima capacidad disponible para compensar las bajas. Los únicos envíos de gasóleo exentos de esta prohibición serán aquellos regulados bajo convenios intergubernamentales internacionales vigentes.

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