LO CLARO. La Universidad Autónoma de Tamaulipas reafirma su papel como una institución que trasciende las aulas para convertirse en un aliado estratégico del desarrollo estatal.
La presentación de los avances del Atlas de Riesgos Hidrometeorológicos durante la Mesa de Paz demuestra la capacidad de la UAT para traducir la investigación científica en herramientas útiles para la protección de la población, la planeación gubernamental y la toma de decisiones.
El trabajo encabezado por el rector Dámaso Anaya Alvarado fortalece el vínculo entre academia y gobierno, consolidando a la máxima casa de estudios como un referente en la generación de conocimiento aplicado al bienestar de las familias tamaulipecas.
LO OSCURO. El vecino del norte volvió a convertir el comercio en un instrumento de presión política. La decisión de rechazar una renovación inmediata del T-MEC y empujar revisiones anuales durante la próxima década abrió un periodo de incertidumbre que ningún mercado celebra.
El responsable tiene nombre.
Donald Trump.
El segundo responsable. Jamieson Greer, encargado de formalizar la postura estadounidense.
Del lado mexicano también hay personajes involucrados en este golpe bajo. Marcelo Ebrard reconoció que el escenario apunta hacia una negociación prolongada y confirmó nuevas rondas de trabajo. El calendario ya dejó de medirse en semanas. Comienza a medirse en años.
Así, aparece la factura.
México depende de Estados Unidos para alrededor del 80 por ciento de sus exportaciones. El intercambio comercial anual ronda los 900 mil millones de dólares. El T-MEC sostiene la integración económica más importante del planeta.
Un acuerdo comercial puede revisarse. Una economía difícilmente prospera bajo reglas provisionales.
Bloomberg Línea advirtió hace semanas que las negociaciones incluso podrían prolongarse hasta 2029. Otros especialistas recuerdan que el propio tratado permite revisiones anuales hasta 2036 si jamás aparece un consenso definitivo.
Diez años de incertidumbre representan un escenario previsto dentro del propio mecanismo jurídico.
El costo comienza mucho antes de cualquier ruptura.
México acumula diecinueve meses consecutivos con debilidad en la inversión total, justamente mientras crecen las tensiones comerciales con Washington.
Ese dato debería ocupar las primeras planas.
Finamex ya ajustó su expectativa de crecimiento para 2026 hacia apenas 1.1 por ciento debido al ambiente de incertidumbre generado alrededor del T-MEC.
Cada décima perdida significa menor actividad económica, menor recaudación y miles de empleos que simplemente dejan de existir.
El fenómeno del nearshoring tampoco esperará eternamente.
Las empresas deciden ubicación antes de construir una planta. Después resulta demasiado tarde. Una inversión cancelada rara vez regresa al mismo lugar.
Washington utiliza la incertidumbre como herramienta de negociación.
México tiene la obligación de impedir que esa estrategia termine convirtiéndose en política económica permanente… el silencio también genera costos.
Cada reunión sin acuerdos amplía la percepción de riesgo; cada revisión anual envía el mensaje de que las reglas permanecen sujetas al humor político de Washington.
Los meses transcurridos reducen competitividad frente a otros destinos industriales.
Trump ya eligió su estrategia. Y entonces…
¿Cuál será la táctica mexicana para impedir que una revisión comercial termine costando miles de millones de dólares, frene inversiones trascendentales y condene al país a una década completa de incertidumbre?
Los mercados ya emitieron su primera advertencia. La siguiente llegará mediante inversiones perdidas.
Y esa factura terminará pagándola México.
COLOFÓN: Si la táctica ‘Trump’ es convertirnos en el estado 51 de la Unión Americana; después de tener invadido de agentes norteamericanos en suelo nacional y convertirnos realmente en un ‘patio trasero’, debería considerar no tardarse más en el acuerdo comercial que, de demorar, no le permitirá en breve recuperar ni cenizas de la alicaída economía mexicana… casi Cuba.
@deandaalejandro

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