El lateral izquierdo Mateo Chávez, hijo de la leyenda rojiblanca Paulo César “Tilón” Chávez, hizo historia al marcar su primer gol en la Copa del Mundo durante el partido que cerró el Grupo B el 25 de junio de 2026. Su anotación no solo aseguró el triunfo para México, sino que también desató una fiesta de orgullo e inspiración en el Estadio Azteca.
Un momento inolvidable
En este último encuentro de la fase de grupos, el ‘Tiloncito’ era uno de los pocos jugadores de la plantilla que aún no había tenido minutos en el torneo. Sin embargo, el director técnico Javier “Vasco” Aguirre confió en él, colocándolo en el once titular. Chávez respondió a la confianza con una jugada memorable: arrancó por la banda, esquivó rivales y definió con la precisión de un delantero de élite, poniendo el 1-0 en el marcador.
Al finalizar el partido, un emocionado Mateo Chávez habló con los medios en la zona mixta y compartió su experiencia:
“Esto me lo voy a llevar hasta la tumba, pero esto es de todo el equipo. Me toca jugar por primera vez, pero el equipo venía haciendo un gran Mundial… Me lo imaginé muchas veces, sobre todo últimamente que no había tenido oportunidad de jugar. Soñaba con escuchar el grito de gol y hoy no tengo palabras para describirlo”.
Homenaje a Guillermo Ochoa
El ambiente en el Coloso de la Ciudad de México se tornó aún más emotivo cuando el legendario Guillermo Ochoa ingresó al campo. Este momento, considerado un homenaje en vida, fue su última aparición en un Mundial ante su afición. La multitud aplaudió y coreó su nombre, un gesto que resonó profundamente en el vestidor del Tri.
Chávez no escatimó en elogios hacia Ochoa, resaltando su liderazgo y la disciplina que transmite a los más jóvenes del equipo. “Es el primero en reportar al gimnasio y el último en retirarse. Es la guía perfecta para un grupo que sueña con hacer historia en las rondas de eliminación directa”, concluyó.
Fuente: Plano Deportivo

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