En el México moderno del siglo XXI, tenemos una nueva y cambiante realidad social.
El tránsito de los últimos 70 años del México mayormente rural al casi totalmente urbano, se ajustó ampliamente el patrón de las familias.
Las familias numerosas de más de 10 hijos de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado que exigían mano de obra abundante para las tareas agropecuarias, quedaron solo en el recuerdo.
Estas se fueron ajustando paulatinamente con el viraje al México urbano, pasando a ocho o seis hijos, luego a cuatro o tres, después a dos y uno.
Y finalmente tenemos a familias en las que la misma opción es tener o no hijos, de tal forma que se ha dado paso a familias que combinan especies, pues las mascotas han asumido el rol de hijos, de tal forma que tenemos “perrijos”, “gatijos”, “cotorrijos”, entre otros.
En esta nueva realidad postmoderna, los roles de los integrantes de las familias se han modificado por consecuencia.
En la sociedad urbana en la mayoría de los matrimonios, concubinatos o parejas jóvenes en unión libre tanto el hombre como la mujer trabajan fuera de casa, por lo que se modifican las responsabilidades.
Ambos son proveedores, pero también tienen responsabilidades al interior del hogar y con la crianza, educación y guía de los hijos, o bien de los “mascotijos”.
En este contexto, los roles de padre y madre son muy distantes y distintos a los de hace apenas unas cuatro décadas.
Prevalecen, obvio, las diferencias biológicas naturales, así como algunas relativas a la labor protectora del padre por la diferencia en la fuerza física y cada vez son menos los casos en donde el rol del proveedor es totalmente del padre.
Es el marco en el que este tercer domingo de junio, celebramos el Día del Padre en México.
Para saber cuántos somos, de que edades y condición socioeconómica, le comparto algunos datos que aporta el INEGI sobre los padres mexicanos en el 2020.
El censo de población y vivienda de ese año indica que en el país había 21.2 millones de hombres que en las solicitudes de información indicaron ser padres de familia.
Las cifras precisan que de los 44.9 millones de hombres de 15 años y más, el 47 por ciento tiene al menos un hijo o hija que reside en su misma vivienda.
En el análisis de los datos la edad promedio de los padres es de 45 años:
Del total, el 26 por ciento tiene entre 40 y 49 años de edad.
Mientras que el 25 por ciento se ubica entre los 30 y 39 años.
Un 35 por ciento de los padres supera los 50 años, reflejando una población paterna que ha ido envejeciendo en las últimas décadas.
En contraste, los varones de entre 15 y 19 años que ya son padres representan apenas el uno por ciento.
Por otra parte, en cuanto al nivel de estudios de los padres mexicanos, hay todavía fuertes rezagos.
La mayoría de los papás, un 56 por ciento apenas concluyó cuenta con estudios de educación básica.
En tanto que el 19 por ciento concluyó estudios de nivel superior.
Un dato relevante de las cifras del INEGI es que unos 18.4 millones de padres son parte de la Población Económicamente Activa, consolidándose como uno de los pilares del sustento económico de los hogares mexicanos.
Sin embargo, no es el único pilar en el soporte de los gastos familiares, complementándose con la participación de las mujeres, sea en activades formales en todos los sectores de la economía, o bien en la economía informal.
También existen en la información del INEGI datos sobre miles de hogares que son sostenidos exclusivamente por madres solteras o divorciadas, es decir, que han realizado el rol de madres y padres a la vez.
Y en proporción marginal, pero también se dan casos de padres solteros o divorciados que realizan el doble rol familiar.
En esta realidad mexicana de los años veinte del siglo XXI, en donde la sociedad paternalista va quedando atrás, para dar paso en forma paulatina a un equilibrio de géneros, es importante potenciar el “AMOR DE PADRE”.
En el siglo pasado, el padre por asumir el rol total de proveedor de familias numerosas tenía poco tiempo y espacio para ser cariñoso, juguetón y expresivo con sus hijos e hijas. Era labor casi exclusiva de la madre.
Y ahora que las familias son más pequeñas o coactas y los roles más equilibrados en todos los aspectos de la vida familiar, debe apuntalarse esta participación paterna.
EL AMOR DE PADRE, es tan valioso como el AMOR DE MADRE, en la formación de los hijos e hijas.
Y cuando se vive y disfruta, se reproduce para la decendencia y nuevas generaciones.
FELIZ DIA DEL PADRE PARA TODOS LOS LECTOES QUE TIENEN LA DICHA Y BENDICION DE SER PADRES.
E IGUAAMENTE PARA LAS MADRES QUE HICIERON Y HACEN EL DOBLE ROL.
UN FUERTE Y CALIDO ABRAZO CARGADO DE AFECTO CON LOS MEJORES DESEOS DE BIENESTAAR, ALEEGRÍA Y DISFRUTE FAMILIAR.
DIOS CON USTEDES.

Discussion about this post