Hace más de cuatro décadas, una madre de familia, de ocupación enfermera, llegó a su casa anímicamente devastada. Se infiere supo o vio morir a un paciente del área oncológica del hospital donde laboraba y al estar en su sala, con sus seres queridos se limitó a decir con mucha tristeza en su rostro: “El día que me diagnostiquen cáncer, me pego un balazo”.
Años después, en el verano del 2003, uno de sus hijos ahora mayor de edad, recibió el diagnóstico: cáncer de laringe. El golpe emocional para el profesionista fue mayúsculo, al recordar las palabras de su madre que le agolpaban con insistente eco en la mente. Y conste que solo fue al médico porque creyó era una gripe.
Con la seguridad de vencer a ese enemigo inesperado. Aún, revelándose ante la adversidad del panorama, buscó ayuda en la medicina pública que le brindaron profesionales, donde encontró desde muy responsables y atentos, hasta lo contrario.
En un hospital de Tampico, un cirujano otorrinolaringólogo dijo que ahí, lo único que podía hacerle era una cirugía llamada ‘Disfagia’ que consistía en hacerle un hoyo en la garanta por donde podría tragar.
Desde luego que rechazó ese tratamiento del ‘excelente’ galeno y regresó a su clínica de origen, donde un nuevo especialista prometió cura y lo remitió a la Ciudad Regia, con tratamiento de 25 sesiones de Radioncología. El problema fue que no había el aparato y fue subrogado a un hospital privado. Finalmente, sigue vivo y curado.
Al iniciar el gobierno de la 4Te, la televisión mexicana transmitió muchísimas veces las protestas y hasta bloqueos de calles, avenidas, edificios de gobierno, etc., de padres de familia quejosos de la falta de medicamentos para niños con cáncer. El gobierno negó el desabasto y pese a los discursos de corrupción y un servicio médico mejor que Dinamarca, el problema persistió.
Después de varios meses de difundir las mismas imágenes con diferentes protagonistas, dejó de ser noticia, para dar paso a una nueva: la pandemia del COVID 19, que dejó miles de muertos, gracias a la política del Dr. Muerte, Hugo López Gatell.
En el ‘segundo piso de la 4Te’, el problema del discurso oficial en salud sigue igual y peor es la realidad, cuando ahora no son solo niños, se sumaron adultos que padecen enfermedades crónicas y siguen interrumpiendo tratamientos por la misma causa: desabasto, falta de mantenimiento a los equipos y renuncia de médicos especialistas.
El Hospital Regional del IMSS en la capital tamaulipeca, envía a pacientes oncológicos a otras ciudades dentro y fuera del estado. Paga pasajes y recomienda albergues donde el acompañante debe erogar una cuota simbólica y servir en el aseo y/o lava trastes en la cocina.
Lo malo es que también en los hospitales de envío, sucede como en las sedes, renuncian médicos y cirujanos; sigue el desabasto de insumos básicos y medicinas, por lo que los tratamientos se interrumpen por semanas, meses y hasta sin fecha probable de reanudación.
Una joven enfermera tamaulipeca, egresada de la Autónoma de Tamaulipas, después de buscar un empleo, finalmente encontró una oportunidad temporal en un programa de Salud estatal donde se hace mastografías.
La universitaria se ha desempeñado con éxito, al grado que sus jefes la invitaron a dar un curso a la CDMX y la sorpresa para ella misma fue que la seleccionaron para explicar, personalmente a la presidente Sheinbaum, sobre este programa para la mujer en Tamaulipas.
Lo malo de este pasaje es que la enfermera que cautivó a la presidente mexicana ahora organiza rifas entre amigos, familiares y conocidos para poder cumplir con su meta de pacientes, porque la Secretaría de Salud no les entrega insumos mínimos para realizar su trabajo con las mujeres del estado.
El cáncer es una enfermedad curable. Solo cuando se detecta y atiende con los tratamientos adecuados como médicos, especialistas, medicamentos, insumos, equipos y maquinarias que auxilian para la cura total. Hasta entonces el éxito es total.
¿La irresponsabilidad -hasta legal- de los funcionarios que equivocan la asignación de presupuestos es válida?
Sabemos que no de ahora, de siempre, los gobiernos no hacen seguimientos a las denuncias de pacientes o familiares… ¿Sabrán cuantos pacientes han muerto por estas causas: negligencia?

Discussion about this post