La Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció que existe un 90% de probabilidad de que el fenómeno de El Niño reaparezca en los próximos meses. El organismo científico de las Naciones Unidas advirtió que este episodio podría alcanzar una intensidad fuerte, lo que incrementará las sequías, las lluvias torrenciales y el riesgo de olas de calor tanto terrestres como oceánicas.
Entre finales de abril y mediados de mayo de este año, la temperatura de la superficie en el océano Pacífico de referencia alcanzó los umbrales del fenómeno de El Niño. Esta condición meteorológica está impulsada por temperaturas subsuperficiales que se sitúan más de 6 °C por encima de la media habitual.
Impacto global y previsiones meteorológicas de la OMM
Celeste Saulo, jefa de la OMM, instó a los gobiernos y entidades humanitarias a prepararse ante un escenario potencialmente severo. La científica argentina enfatizó que los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son herramientas fundamentales para mitigar los efectos económicos y proteger a las comunidades vulnerables.
Los efectos históricos de este evento climático muestran un patrón definido:
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Aumento de precipitaciones: Afecta principalmente a regiones de América del Sur, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central.
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Sequías prolongadas: Impacta directamente en América Central, el norte de América del Sur, el Caribe, Australia, Indonesia y el sur de Asia.
El cambio climático y la intensidad de El Niño
El episodio previo de El Niño (2023-2024) se posicionó como uno de los cinco más intensos registrados en la historia, impulsando temperaturas globales récord. Aunque la OMM señala que no hay evidencia determinante de que el cambio climático aumente la frecuencia del fenómeno, sí se confirma que amplifica sus impactos devastadores.
La acumulación de energía y humedad en un océano y una atmósfera más cálidos genera las condiciones necesarias para que las olas de calor y las precipitaciones intensas se desarrollen con mayor velocidad y severitud. El ciclo habitual del fenómeno comienza entre marzo y junio, alcanzando su máxima intensidad entre noviembre y febrero.

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