Existen estudios formales relacionados a la pérdida del hábito de lectura, a tal grado que los estudiosos del tema han reportado la falta de capacidad del ser humano en la lectura de comprensión, que no es otra que interpretar la lectura.
El problema de la lectura y su comprensión no es solo de los escolares. Lo central es que esta deficiencia es del público en general, incluso con estudios hasta universitarios. Es decir, de todo mundo, porque apenas leemos unas líneas y no continuamos porque nos ataca la pereza mental para continuar y nos hacemos de dificultad de lo que tenemos frente a nuestros ojos.
Mire usted el siguiente ejemplo:
La semana pasada algunos medios, incluyendo las redes sociales publicaron información relacionada a la relación delincuencial entre Los Rusos y el cónsul de ese país, Antonio Rullan Dichter, que resultó también ser propietario de una discoteca llamada Palladium en el puerto turístico de Acapulco, Guerrero.
De entrada, la sola noticia causó sorpresa al leerla, pues ahora se mal interpreta que los rusos están ‘operando’ desde Acapulco, por lo que en la mente empiezan hacer conjeturas internacionales cuando el supuesto acecho de otra potencia podría atacar a los vecinos del norte.
Y lo peor, desde nuestro México lindo y querido. Y más, es esa entidad mexicana del Pacífico, que últimamente está tan lastimado por organizaciones promotoras de delitos no solo por las drogas, sino que hay ataques directos a la población.
La lectura real es que desde el paradisiaco Acapulco se reportó la detención del cónsul honorario ruso y simultáneo empresario, gracias a los reportes de Guacamaya Leaks y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) que sabía del hecho y la vinculación del funcionario con el grupo criminal “Los Rusos”, una disidencia del cártel de los Beltrán Leyva y del Cártel de Sinaloa.
Luego entonces, al leer la nota completa, el lector se percata de la trampa periodística para aquellos que no leemos completa la nota, porque muchas veces nos conformamos con la parcial información y nos apresuramos a multiplicar lo que precariamente entendemos.
El complemento de la información es que el ruso-empresario, estaba identificado por autoridades mexicanas desde hace más de dos décadas con la delincuencia en Acapulco e incluso, por su ‘condición diplomática’ se han adueñado de terrenos a orilla del mar, con aval de funcionarios del Medio Ambiente y la misma Secretaría de Relaciones Exteriores.
El periodista Paul Lara de la casa editorial Excélsior, publicó en su artículo ‘Alianzas en la Sombra’ un reporte del Centro para el Estudio de la Democracia, “…que el empresario Antonio Rullán Dichter, fue el forjador de la unión con el crimen organizado.”
Adicional a lo anterior, sabemos que potencias como Rusia, China e Irán han aprovechan las capacidades de los cárteles para facilitar flujos financieros ilícitos, evadir sanciones policiales, vender drogas y armas, así como proyectar influencia geopolítica contra Estados Unidos, como han señalado algunas publicaciones periodísticas.
Se sabe que desde hace varios años la SEDENA conocía de las alianzas delincuenciales en esa parte del país y fue hasta que se filtraran documentos de esta relación en los llamados Guacamaya Leaks.
La cuestión es enterarnos del porqué el gobierno mexicano no hacía nada… hasta que Guacamaya Leaks denunció. ¿Complicidad? ¿De quién o quiénes?, sobre todo si Inteligencia Militar Mexicana, fundamenta que Antonio Rullán Dichter, entonces cónsul honorario de Rusia en Acapulco, ha mantenido relaciones de trabajo con Los Rusos.
Es un caso muy similar al de Vladimir Lyubishin, padre e hijo, arrestados en Hungría durante una operación encubierta de la DEA por un presunto tráfico de armas con cárteles mexicanos.
Rusia presentó una solicitud de extradición y mantuvo un contacto consular reiterado con los detenidos, tras su regreso a Rusia, según se informa, se retiraron los cargos”, se menciona en el reporte.
Diría la vecina viejita de la colonia Mainero, en la capital de Las Cotorras “Estás viendo y no ves”

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