jueves 28 mayo , 2026 11:49 AM

El Ultimo Abrazo

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En México, las causas de la inmigración al vecino país del norte son múltiples, entre ellas la búsqueda de empleo, la expulsión por inseguridad, efectos del cambio climático, realización de estudios, reunión con la familia, entre otros.

Debido a la amplia frontera de más tres mil kilómetros que tienen México y Estados Unidos, es frecuente la inmigración al país del norte.

De acuerdo a datos estadísticos recientes de ambos países, se estimaba que en el 2018 había alrededor de 38.5 millones de personas residentes en Estados Unidos de origen mexicano.

De ellos, 12.3 millones son personas nacidas en México y 26.2 millones son mexicanos de segunda y tercera generación, es decir, personas con uno o ambos padres nacidos en México y personas que se autodefinen como de ascendencia mexicana.

Esos cambios de residencia provocan la división de las familias. Por lo general son los jóvenes quienes abandonan sus lugares de origen en busca de oportunidades laborales y de vida.

Y en tanto se estabilizan y regularizan su situación legal con frecuencia duran años, lustros y hasta décadas de no regresar a ver, convivir, abrazar y disfrutar a sus padres, hermanos, tíos, primos y amigos.

Otros tantos más, nunca logran su legalización y permanecen en trabajos aislados o subempleados y sin la esperanza de regresar a México, pues equivaldría a correr el riesgo de perder empleo, bienes y la fuente de ingreso para sostener a sus familias en México enviando remesas.

El fenómeno migratorio tiene muchas aristas de gran impacto emocional por las familias divididas o partidas

Miles perdieron todo tipo de contacto, porque la distancia terminó separándolos y olvidando hasta las raíces.

Otros, rehicieron sus vidas y formaron nuevas familias.

La parte más sufrida de este abandono y olvido son las madres y padres.

Decenas, cientos o miles, mueren sin volver a ver a sus hijos ni conocer a sus nietos o bisnietos.

Y también en el olvido económico, pues las remesas que un día llegaron de pronto dejaron de fluir.

En un problema creciente en los últimos veinte años por el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos para frenar las oleadas de mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.

Los muros, las boyas, el reforzamiento de la Patrulla Fronteriza, la militarización de la frontera y ahora el uso de tecnología de punta para detectar y detener a los inmigrantes tienen sus efectos.

El actual gobierno gringo de Donld Trump ha presionado a para detener la inmigración y contener a las oleadas humanas de otros países sureños.

En ese contexto, la separación, fractura y abandono de los más vulnerables de las familias que son los niños y adultos mayores, se dispara y agrava.

Por ello es loable la acción emprendida por el Instituto Tamaulipeco de Inmigración, a encomienda del gobernador Américo Villarreal Anaya.

Su director general, Juan José Rodríguez Alvarado, realiza un programa de acompañamiento a adultos mayores de 65 años que tienen diez o más años sin abrazar a sus hijos.

Se les da asesoría y se acompaña en la gestión del trámite de visa americana, con el propósito de facilitar el reencuentro y rescatar los lazos afectivos que durante años se limitaron a llamadas telefónicas o envíos de remesas.

Y es que muchas de estas familias habían perdido la esperanza debido a que los procesos consulares suelen ser complejos, rigurosos en documentos, sofisticados por la tecnología y prácticamente inalcanzables para ellos.

Este programa busca devolver la posibilidad del encuentro a madres y padres que durante años esperaron la oportunidad de volver a abrazar a sus hijos.

Un primer grupo de madres beneficiadas que ya cuentan con su visa autorizada iniciará su viaje a los Estados Unidos el 30 de mayo con el acompañamiento del Instituto Tamaulipeco de Migración.

Creo que se trata de un programa valioso no por la cantidad de personas que vaya a beneficiar, que ojalá y sean muchas, sino por lo que conseguirán con cada una de ellas.

Nosotros, usted apreciado lector o un servidor, conocemos uno, dos, tres o muchos casos de familias en esas circunstancias.

Y provocar un reencuentro con abrazos que no se daban hace más de veinte años, tienen un gran valor.

Sobre todo, porque para muchos de los padres, podría ser el último abrazo que den a sus hijos y el primero a sus nietos o bisnietos.

Para dimensionarlo, pregúntese usted mismo, ¿aguantaría veinte años o más sin abrazar a su familia?

Bien por el programa y sus operadores.

Cierto que con los avances tecnológicos y las videollamadas por teléfono tablet o computadoras son de gran ayuda.

Pero nada, absolutamente nada sustituye el gran abrazo de cuerpo, corazón y alma a que nos acostumbraron los padres de antaño y que siempre queremos dar a nuestros hijos o nietos o bien recibirlos de ellos.

Si le agradó el comentario, compártalo.

Seamos puente para difundir lo bueno en este mundo tan global pero tan complicado e individualista.

Reafirmemos el valor de la familia unida.

Separada ya por la distancia o muros fronterizos.

O a veces por las barreras que ponemos a quienes están cerca y al lado nuestro.

Que tenga usted un excelente día, por la gracia de Dios.

 

 

 

 

 

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