Washington, Estados Unidos (20 de mayo de 2026).- La estrategia bélica iniciada en febrero de 2026 contemplaba un rediseño absoluto del mapa geopolítico en Oriente Medio. Informes de inteligencia gubernamentales indican que las administraciones de Donald Trump y Benjamin Netanyahu estructuraron un programa por etapas orientado a derrocar el esquema gubernamental de Irán, teniendo como pieza central para la sucesión al ex presidente Mahmoud Ahmadinejad.
El proyecto de transición fracasó de forma prematura tras el inicio de las hostilidades. De acuerdo con testimonios de funcionarios federales y miembros del círculo cercano de Ahmadinejad, un bombardeo israelí dirigido contra la residencia particular del ex mandatario en Teherán durante la primera jornada de la guerra tenía como fin extraerlo de su arresto domiciliario. A pesar de sobrevivir a la ofensiva con diversas heridas, el ex líder desestimó la viabilidad del relevo político, perdiéndose desde entonces el rastro sobre su paradero y condición médica.
La viabilidad de reinstaurar al antiguo gobernante, quien condujo el país entre 2005 y 2013 bajo una retórica de confrontación total hacia Occidente y posturas de erradicación del Estado israelí, generó dudas profundas entre los propios asesores de la Casa Blanca.
Fases operativas y subestimación de la resistencia
La planeación militar israelí dividía la intervención en tres periodos definidos: bombardeos aéreos masivos en conjunto con la ejecución de los altos mandos teocráticos, el levantamiento de facciones kurdas respaldadas por operaciones de propaganda psicológica y, finalmente, el colapso institucional debido a la destrucción de infraestructura energética básica para dar paso a un “Gobierno alternativo”.
Los promotores de la iniciativa consideraban que el ex dirigente poseía la capacidad de cohesión interna necesaria para administrar la crisis. Un allegado al ex presidente comparó el rol proyectado con el caso de Delcy Rodríguez en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro bajo la gestión de las fuerzas estadounidenses.
Respecto a las metas generales del conflicto, Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca, delimitó la postura de la presidencia norteamericana:
“Desde el principio, el Presidente Trump fue claro sobre sus objetivos para la Operación Furia Épica: destruir los misiles balísticos de Irán, desmantelar sus instalaciones de producción, hundir su armada y debilitar a sus aliados”
Nexos pasados y desplome de la estrategia
A pesar del historial radical de Ahmadinejad, que incluyó la represión armada de la disidencia civil y el impulso del desarrollo atómico, agencias de inteligencia detectaron divisiones internas en el aparato de poder iraní. El ex mandatario había acumulado años de disputas con la cúpula clerical, enfrentando restricciones de movilidad en el distrito de Narmak tras ser vetado de los procesos electorales locales.
En el año 2019, el propio Ahmadinejad externó valoraciones favorables hacia el jefe de Estado norteamericano durante una comparecencia ante la prensa internacional:
”El señor Trump es un hombre de acción”, dijo Ahmadinejad. ”Es un hombre de negocios y, por lo tanto, es capaz de calcular la relación costo-beneficio y tomar decisiones. Le decimos: calculemos la relación costo-beneficio a largo plazo para nuestras dos naciones y no seamos miopes”.
Salvo las incursiones aéreas iniciales y el abatimiento del líder supremo iraní, la mayor parte de las proyecciones bilaterales resultaron ineficaces ante la capacidad de respuesta militar de Teherán, evidenciando fallas de cálculo en el diseño de la intervención armada.

Discussion about this post