El Maestro (a) es un pilar en la educación y formación integral de sus alumnos. Su vocación es esencial para que los conocimientos y principios permeen en la mente del educando en cada etapa de la instrucción.
La convivencia cotidiana en las aulas y la escuela le erigen en una fuente de saber, respeto, autoridad y a la vez en un tutor aliado de los padres que influye ampliamente en cada niño y adolescente.
Su labor es fundamental en la construcción de hombres y mujeres de bien para el presente y futuro.
Es una linda profesión que cuando se ejerce con convicción, calidad y calidez rinde frutos valiosos.
Para todos los maestros de ayer y de hoy que abrazan con vocación y profesionalismo su misión un fuerte abrazo con respeto, reconocimiento y gratitud.
Y obvio entre ellos a mi padre Profesor Juan Terrazas(+) a mis hermanas Alma, Ivonne y al hermano Raúl, a mis maestras y maestros Leticia Espinoza, Luz Elvia, Crispín y Roger Romero, entre muchos otros que merecen una gran distinción.
Un fuerte abrazo desde el fondo de mi corazón y la gratitud perenne.
En todos los niveles educativos tuve grandes profesores, pero siempre se recuerdan con aprecio, cariño y nostalgia a los primeros.
Y para quienes tuvimos la suerte de tener padre y maestro a la vez, valoramos más a esa noble profesión y su influencia en la dirección de la vida de sus alumnos e hijos.
Bendiciones al cielo a quienes ya no están físicamente con nosotros y grandioso abrazo terrenal a quienes disfrutan de este día, satisfechos de la tarea realizada.
En esta ocasión abordé el tema de una manera muy personal, porque vivir el magisterio desde el hogar me llevó a hacerlo.
Sin embargo, válido porque no se trata siempre de hacer una numeralia, sino de una visión cualitativa que aun con lo particular permite ubicar en su justa dimensión la relevancia de cada uno de los integrantes del magisterio.
Y en el recuerdo de esos héroes anónimos que llenaron miles de veces los pizarrones de antaño y gastaron cientos de kilos de gis o quedaron roncos decenas de veces en el cumplimiento el deber, citaré algunos nombres más de mentores tamaulipecos que impartieron docencia en mi natal Chihuahua.
Algunos de ellos egresados de la Normal de Tamatán, pero que fueron enviados a cumplir sus primeros años de servicio a la Sierra Tarahumara.
Por ejemplo, los profesores Juan Argüello nativo de Aldama; Mucio Nacud, de Ocampo; Abelardo Castillo, de Antiguo Morelos, Cesáreo Hernández, de Soto la Marina; Eusebio Lumbreras, de Hidalgo; José Ángel Becerra y Hermenegildo García Walle, de Jaumave y José Luis García García, de Padilla.
Parece una simple coincidencia, pero creo firmemente que fue el destino que nos unió en la primera etapa y años después permitió el cálido reencuentro.
Y ya en la capital de Tamaulipas, he tenido la suerte de hacer amigos y amigas con formidables representantes del magisterio, entre ellas las profesoras María de Jesús Medina Andrade, Blanca Anzaldúa Nájera, Rosy González Escandón, Esther Luna, Luz Vianey Maldonado Aguilar.
Y de los varones, a Rodolfo Brussolo Torres, Florencio Terán Caballero, José Luis Guzmán, David Núñez, José María Mansilla, Juan Leonardo Sánchez Cuéllar y Enrique Vargas Rivas, algunos egresados del Politécnico Nacional, pero que abrazaron esta profesión en la educación tecnológica.
Felicidades a todas y a todos integrantes de la familia magisterial de Ciudad Victoria y Tamaulipas.

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