Esta colonia urbana localizada en la parte oriente de Cd. Ocampo, Tamaulipas, se
formó en los años ochenta, gracias a la gestoría del R. Ayuntamiento, periodo 1984-
1986, encabezado por el C. Ignacio Herrera Hernández y secundados por las
administraciones municipales subsecuentes.
La referida colonia vino a resolver un problema de vivienda para muchos hijos de
campesinos, con deseos de estudiar, dada la oferta educativa de los gobiernos en
el nivel básico y medio superior, ante la imposibilidad de sus padres para adquirir
por su cuenta una casa-habitación.
En esa época había limitantes para los ejidatarios, marcadas por la ley agraria; el
ejidatario no podía ausentarse del lugar; debían hacer fatigas en la comunidad;
aportar dinero y especie para obras determinadas. Razones que les impedían vivir
con sus hijos en la cabecera municipal.
Algunos jóvenes venían diariamente de sus comunidades a la cabecera municipal
para recibir su educación y regresaban a sus hogares una vez terminada la jornada,
pocos padres con posibilidades, les rentaban una pequeña vivienda o los traían a la
casa del padrino o del amigo.
Todo esto representaba un gran esfuerzo, sacrificio y hasta pérdida de tiempo, para
los estudiantes y padres de familia, por lo que se vieron en la necesidad de acudir
ante el presidente municipal C. Ignacio Herrera, para solicitarle su intervención, con
la finalidad de no truncar los sueños de los colegiales.
El munícipe designó al Síndico Noé Báez Coronado, Comisionado de Hacienda,
Apeo y Deslinde, quien recibió alrededor de 400 solicitudes, muchos residentes en
las rancherías y de la comarca, deseosos de ser beneficiados con un predio urbano
y de inmediato se iniciaron los contactos con el Gobierno del Estado de Tamaulipas.
Comentó Báez Coronado que la primera tarea fue localizar un terreno viable de
urbanización, para el asiento de la referida colonia y gracias a las gestiones, se logró
que el matrimonio formado por la doctora Graciela Piña y el Señor Isabel Cedillo,
aceptaran vender un predio rústico de “El Huasteco”, colindante con la ciudad.
Para buena suerte de los solicitantes y hechos los trámites correspondientes ante
las autoridades encargadas en la materia, en un primer acto se entregaron 250
predios para la colonia “Las Paguas” y posteriormente, solicitaron una ampliación
para 150 beneficiarios más.
Como es natural en todo proceso, hay avances y retrocesos, a veces por descuido,
otros de mala fe, ocasionados por personas que solo buscan un beneficio personal,
generando con esto la reventa de solares, la no ocupación de predios y pleitos
internos.
El notorio progreso de esta colonia se fincó en el origen de sus habitantes, casi
todos campesinos y como ya se dijo eran poseedores de una disciplina en el trabajo,
además de tener un espíritu de solidaridad, donde el bien común, era su meta y
quedó ocupada por 250 beneficiarios, cuyos títulos recibieron de parte del gobierno.
Cuando se autorizó un anexo los nuevos vecinos no aceptaron llamarle Ampliación
Las Paguas, le dieron el nombre de “Lázaro Cárdenas”, que al lado de sus
conciudadanos también han avanzado notablemente, aunque en los últimos
tiempos ambas colonias han sufrido peligrosas inundaciones.
La colonia es la envidia de otros barrios más añejos, dicen que son apapachados
por las autoridades, pero como ya dijimos, ha sido su trabajo y el aporte de los
Ayuntamientos, lo que ha hecho de este asentamiento un modelo de urbanización
que cuenta con calles pavimentadas, agua, luz, drenaje y otros servicios básicos.
Entre las personas que acompañaron al Síndico en estas diligencias, figuran
Camilo Márquez, Epifanio Ramírez y Sebastián Coronado, quienes
dieron seguimiento a los trámites hasta lograr la escrituración y para orgullo de
Ocampo, muchos de aquellos estudiantes ahora son destacados profesionistas.
Facebook: olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien







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