El próximo 30 de octubre del presente año la Universidad Autónoma de Tamaulipas cumplirá 76 años de tareas ininterrumpidas en la formación de profesionistas en Tamaulipas.
Es no solo la institución pública de educación superior en la entidad, sino la principal por la cobertura en las principales regiones, el número de programas de licenciaturas y maestrías, así como la pertinencia con las vocaciones de cada zona.
Cierto que fue Tampico su cuna con las escuelas de Enfermería, Medicina y Odontología. Pero su crecimiento fue vertiginoso en otras áreas ya que vino a llenar espacios que antes ocuparon los Institutos Literarios de Ciudad Victoria y Matamoros.
Sus Campus o Sedes en Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Tampico, El Mante, Río Bravo y Valle Hermoso, además de infraestructura para la educación a distancia en otros municipios, así como la nueva modalidad de programas en línea, le permiten ampliar fronteras.
Una institución de educación superior, si bien es cierto que nace por la suma de voluntades de personas, clubes y profesionistas comprometidos, así como sectores productivos interesados, poco a poco se va consolidando con la suma de más actores de la sociedad.
Y de esa forma se fortalece como institución, más allá de las personas y de las propias autoridades de la misma.
También es cierto que cada directivo, en este caso denominado Rector, pone su sello personal, sin dejar de atender las necesidades de crecimiento de infraestructura, programas y docentes en atención a la vinculación e interacción con la sociedad y las directrices de la Secretaría de Educación Superior.
Y eso es obvio, ya que la mayor parte del financiamiento proviene de los impuestos que los contribuyentes realizan y que administra y distribuye el gobierno central y en menor proporción la que aporta el gobierno local.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas, recordemos, durante varias décadas dl siglo pasado respondía a un poder político interno, que emergía de liderazgos surgidos de luchas estudiantiles de los sesentas y setentas, que crecieron y se instalaron en las diferentes sedes.
Los más sólidos y representativos fueron los grupos de Tampico y Ciudad Victoria, de donde emergían los Rectores de la institución y cabildeaban para crear armonía e interacción entre las diversas regiones.
Por ello, el mayor número de rectores fueron de estas sedes.
De Tampico llegaron, entre los más recientes Eduardo Garza Rivas, José Manuel Adama Mier y Enrique Etienne Pérez del Río.
Mientras que, de Victoria, Humberto Filizola Haces con tres periodos administrativos y Jesús Lavín Santos del Prado, este con un periodo trunco.
El poder de los liderazgos internos terminó con el “Filizolato”.
La salida de Jesús Lavín Santos del Prado tuvo que ver con la pérdida de fuerza de las corrientes internas, que fueron sustituidas por el poder local estatal, dada la circunstancia de un relajamiento del gobierno central que ponía poca atención en la educación superior.
Así llegó a la Rectoría el reynosense José María Leal Gutiérrez, en la época en que gobernaba la entidad el victorense Eugenio Hernández Flores, lo que modificó la autonomía en decisiones internas universitarias.
Ese modelo siguió, pues en el sexenio del último priista que gobernó la entidad, Egidio Torre Cantú, en la sucesión universitaria llegó su amigo Enrique Etienne Pérez del Río.
Posteriormente, en la alternancia siguiente en el poder, con la llegada del PAN a la gubernatura de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, de una forma más atropellada instaló a sus parientes en la Rectoría, colocándoles al lado de Guillermo Mendoza Cavazos, que venía de ser Tesorero con Etienne.
Sin embargo, el funcionamiento de la Universidad no ha sido como un apéndice del Gobierno Local, la normatividad tanto en el ejercicio del gasto como en la certificación de la calidad de sus programas es riguroso por parte de la Federación y del propio Estado a través de las Auditorías Superiores.
La mayoría de los programas de licenciatura, maestrías y doctorados tienen esa supervisión para las certificaciones y la obligatoriedad de sus cuerpos académicos a obtener los niveles de maestría y doctorados, e incluso como investigadores.
El modelo de instalación de Rectores alineados con el Poder Local ha tenido que pasar esos filtros, además de las presiones y exigencias de mayor calidad, pertinencia de sus programas y vinculación con los sectores productivos y la sociedad.
Y es que las presiones de otras instituciones de educación superior como el Sistema de Tecnológicos Regionales, las Universidades Politécnicas, las Universidades Tecnológicas, así como las Universidades Privadas de calidad como ULSA y Valle de México, han propiciado que independientemente de la interacción política, atiendan esas exigencias de mayor calidad y mejora continua.
La adultez y madurez de la UAT a sus casi 76 años de existencia, es la suma de ese trabajo de décadas, bajo la coordinación de cada Rector y su equipo de trabajo, así como los Directores de Facultades, Escuelas y Unidades Académicas. Además de la presencia más activa de la comunidad.
Es la UAT una Universidad Abuela, si la comparamos con el ciclo de la vida del hombre, tiene amplia experiencia, saberes, estructuras e infraestructura, así como la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, que le dan solidez para afrontar de una mejor forma los nuevos retos.
En esta nueva etapa en la que el modelo de alineación entre Universidad y Estado sigue vigente y a la vez en frecuencia con el Poder Central, podría, en lugar de ser un factor en contra, un elemento a favor para el gran salto cualitativo, pero sobre todo del mayor engranaje con los sectores productivos de las diversas regiones tamaulipecas, en aras de afianzarse como la verdadera palanca para el desarrollo regional con progreso para todos.
Ese es el reto mayor o meta que debe asumir la Universidad Pública de nuestro tiempo, bajo el mando rectoral del victorense Dámaso Anaya Alvarado, el primer Médico Veterinario Zootecnista en llegar a esa encomienda, en los tiempos del sexenio morenista de Américo Villarreal Anaya, con quien empezó siendo parte de su gabinete en la Secretaría de Desarrollo Rural y que dejó para ser ungido como Rector, tras la dimisión natural de Guillermo Mendoza Cavazos.
La Universidad Pública de Tamaulipas es mucho más que una persona o un gabinete. Es la suma de los esfuerzos de toda la comunidad universitaria y la participación más álgida de la sociedad y sus sectores productivos.
El fortalecimiento de sus cuerpos académicos y directivos con esa dinámica y orientación son fundamentales para la búsqueda de los objetivos superiores de cada época.
Así que bienvenidos los nuevos integrantes del gabinete rectoral entre ellos la Dra. Evelia Reséndiz Balderas en la Secretaría de Investigación y Posgrado, el Dr. Jesús Gerardo Delgado Rivas en la dirección general de Servicios Escolares y el Ing. José Torres Alexanderson en la Secretaría de Comunicación y Difusión.
Sus credenciales académicas, laborales y experiencia dan confianza para un buen desempeño, espero que estén a la altura de las exigencias de los nuevos tiempos de la UAT y de los retos del futuro, pues una institución de este tipo forma profesionistas para las próximas décadas.
Y la Abuela UAT debe parir excelentes profesionistas en todas sus licenciaturas y regiones. Está más que obligada a seguir marcando la pauta en la enseñanza superior en Tamaulipas.

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