La actriz Lindsay Lohan ha regresado a los Estados Unidos en compañía de su esposo, Bader Shammas, y su hijo, Luai. El traslado ocurre tras el aumento de la inestabilidad en Medio Oriente, derivado de los recientes conflictos entre Irán e Israel, que han afectado la seguridad en zonas del Golfo, incluyendo los Emiratos Árabes Unidos.
La protagonista de Chicas Pesadas fue captada en un aeropuerto de Nueva York con un semblante tranquilo, vistiendo un atuendo casual de chaqueta de cuero burdeos y bufanda estampada, marcando un retorno preventivo a su país de origen.
El fin de una década de privacidad en Dubái
Lohan, de 39 años, se estableció en Dubái en 2014, una decisión motivada por la búsqueda de anonimato y una vida alejada del escrutinio de los paparazzi de Hollywood. En entrevistas previas, como con Vogue Arabia, la actriz destacó la “privacidad y tranquilidad” que la ciudad le ofrecía para criar a su hijo, nacido en 2023.
Sin embargo, tras los ataques de represalia lanzados por Irán en la región el pasado 28 de febrero, la familia decidió abandonar su residencia. “Orando por la paz. Cuídense todos. Que Dios nos bendiga”, expresó la actriz a través de sus redes sociales, confirmando su preocupación por la situación bélica.
Un regreso marcado por el éxito profesional
A pesar de su residencia en el extranjero, Lohan atraviesa uno de sus mejores momentos laborales, consolidando lo que muchos llaman el “Lohanance” (su renacimiento artístico):
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Regreso a los clásicos: Recientemente concluyó el rodaje de la secuela de Un Viernes de Locos (Freaky Friday), donde se reencuentra con Jamie Lee Curtis.
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Proyectos de élite: Se prepara para protagonizar junto a Shailene Woodley la miniserie de Hulu, Count My Lies, donde ambas figuras también ejercerán como productoras ejecutivas.
El retorno de Lindsay Lohan a Nueva York, aunque forzado por circunstancias geopolíticas, la sitúa nuevamente en el epicentro de la industria en un año clave para su carrera profesional.

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