El Vaticano (19 de febrero de 2026).- En un mensaje cargado de realismo y esperanza, el Papa León XIV dio inicio al tiempo de Cuaresma con la tradicional estación jubilar en el monte Aventino. Durante su homilía en la Basílica de Santa Sabina, el sucesor de Pedro subrayó que la penitencia cristiana no es un ejercicio de autocompasión, sino un acto de valentía para “levantarse y reconstruir” en un contexto global marcado por la fragmentación.
El peso de un mundo en llamas
El Papa retomó la herencia de San Pablo VI para advertir sobre la “apología de la ceniza” en la modernidad. León XIV señaló con dolor que el símbolo de este año carga con el peso de realidades devastadoras: las cenizas del derecho internacional, la desintegración de ciudades por la guerra y la pérdida de la armonía entre los pueblos.
Para el Pontífice, reconocer el pecado —tanto personal como estructural— es el primer paso para no quedar paralizados ante la “metafísica de la nada”. Afirmó que admitir los errores propios es, en sí mismo, un testimonio de resurrección y una premonición de la victoria pascual.
Una Iglesia que asume responsabilidades
León XIV hizo un hincapié particular en la naturaleza comunitaria de este tiempo litúrgico. Criticó la dificultad actual de sentirse “pueblo” sin caer en nacionalismos agresivos y destacó que la Cuaresma es una invitación a un “éxodo” que nos saca de posiciones rígidas.
“Es raro encontrar adultos, empresas o instituciones que admitan sus errores”, lamentó el Papa, contraponiendo esta actitud con la sensibilidad de los jóvenes. Según el Santo Padre, las nuevas generaciones comprenden mejor la necesidad de una vida más justa y exigen responsabilidades por lo que está mal en la Iglesia y en la sociedad.







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