Publicaciones como “NI Venganza ni Perdón”, libro donde aparece Julio Scherer Ibarra coautor, siempre llaman a la sospecha. Recordéis que dicha personita fue literalmente expulsada del gabinete de AMLO donde desempeñaba el cargo de Consejero Jurídico, acusado de tráfico de influencias y extorsión. ¿Por qué hasta ahora presenta denuncias sobre supuesta inmoralidad de personajes cercanos al ex Presidente y no en el tiempo adecuado?. Y lo peor, sin evidencias que certifiquen sus palabras.
Ataca especialmente a Jesús Ramírez Cuevas el ex vocero de Palacio Nacional, Jefe de asesores del actual régimen, acusándolo, entre otras falacias, de utilizar recursos públicos en el objetivo de convertir a Clara Brugada en Jefa de Gobierno de la CDMX, contra el interés de Doña Claudia de que fuera Omar García Harfuch este último quien encabezaba las encuestas para obtener la candidatura al señalado puesto, y que sorpresivamente se retiró de la contienda.
El ofendido responde en extenso comunicado Al pueblo de México, señalando que las afirmaciones de Scherer son calumnias e infamias y si acaso existen pruebas, las presente ante la autoridad correspondiente, lo cual no ocurrirá dado que la intención es golpear a la 4T regalando argumentos a la minoría rapaz que, con singular alegría, y aprovechando los medios a su disposición y “analistas” bajo consigna, utilizan los espacios conocidos en tal tarea. Incluso integrantes del PRIAN en el Congreso de la Unión, hasta exigen la comparecencia de Ramírez Cuevas. ¡Haga usted el recabrón favor!, como si no hubiera cosas más importantes que atender.
La aparición de “Ni Venganza ni Perdón” no va más allá de un escándalo propio del morbo y el amarillismo en sectores que sueñan con el retorno del neoliberalismo de triste y desgraciada memoria para la mayoría mexica, por lo tanto, no merece mayor interés que comprobar que Scherer Ibarra está enfermo de odio y que proyectándose aporta alta dosis de revanchismo imposible de ocultar. Además, lo escribió con Jorge Fernández Menéndez, (empleado de Ricardo Salinas Pliego), especialista en asuntos policiacos afecto a magnificar sus programas televisivos para atraer audiencia.
Además del caso Brugada-García Harfuch, hay otros temas donde incluyen a Ramírez Cuevas como si hubiera sido el gran mago que hizo posible el triunfo de Morena en la mayor
parte de la república mediante presuntas relaciones peligrosas que solo son producto de la fantasía. En este sentido Scherer menosprecia el poder ciudadano que en históricas batallas derrotó a los traidores y corruptos del pasado. Y ni modo que sea invento.
Mientras tanto acá en Tamaulipas algo debiera hacer la dirigencia morenista (si es que existe), para contener las ansias futuristas, principalmente de dos damas: la senadora Olga Sosa Ruiz y Carmen Lilia Canturosas Villarreal, alcaldesa de Nuevo Laredo, quienes adelantando el reloj político se disputan espacios protagónicos regateando cortesía elemental hacia la actual administración. (“Sabia virtud de conocer el tiempo”, dijo alguna vez Renato Leduc). Y no es que les falte derecho a buscar cargos de mayor jerarquía, sino que sus expectativas personales de alguna forma también alteran la disciplina de la organización lo que lógicamente conduce a confrontaciones que podrían perjudicar el avance transformador. Hay que conservar las formas y sobre todo mostrar lealtad a un proyecto que solo pertenece a una ciudadanía a la que no importan nombres porque persigue ideales a partir de comprobar su capacidad para decidir el futuro democráticamente y en libertad. ¡Ah, bruto!.
SUCEDE QUE
En Morena deben tener cuidado porque de los confiados se vale el diablo.
Y hasta la próxima.







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