Tras el agotamiento de los 136 mil 400 boletos disponibles para los conciertos de BTS en solo 40 minutos, el fandom ARMY inició una ofensiva coordinada para combatir el mercado secundario. Ante la aparición de entradas con sobreprecios de hasta el 400% en plataformas como StubHub y Viagogo, la comunidad digital transitó de la protesta a la acción directa y legal.
Tácticas de presión y saturación digital
El fandom implementó una estrategia de vigilancia y “castigo” digital sin precedentes para identificar y neutralizar a presuntos revendedores:
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Doxing y Exposición: Creación de bases de datos colaborativas con nombres, cuentas bancarias y perfiles de quienes ofrecían boletos con sobreprecio.
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Saturación de Datos: Uso de información de revendedores para registrarlos masivamente en servicios de telemarketing (universidades, bancos y funerarias), inundando sus canales de comunicación con spam.
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Presión Social: Reportes de casos donde se enviaron pruebas de las actividades de reventa directamente a los círculos familiares de los implicados.
Acciones institucionales y legales
Más allá del activismo en redes, la comunidad canalizó su inconformidad a través de los canales oficiales:
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Denuncia ante Profeco: Presentación de una solicitud formal de investigación por el presunto uso de precios dinámicos, fallas en las filas virtuales y la ineficacia de los filtros contra bots.
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Petición Masiva: Una iniciativa en Change.org que superó las 200 mil firmas, la cual exige la revisión de los contratos de exclusividad de Ticketmaster y Ocesa en México.
Respuesta de las autoridades
La presión colectiva forzó un pronunciamiento de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), organismo que confirmó la apertura de un proceso administrativo contra la boletera. Profeco anunció que se evaluarán nuevos mecanismos de control para eventos de alta demanda, mientras que Ticketmaster se deslindó nuevamente de cualquier vínculo con plataformas de reventa ilegal.







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