Brasil asumió oficialmente la representación diplomática de México en Perú. Este hecho simbólico y político se consumó cuando la bandera brasileña fue izada en la sede de la embajada mexicana en Lima. Esto ocurre dos meses después de que el país andino rompiera relaciones con el gobierno norteamericano.
El cambio de estafeta responde a la crisis diplomática reciente. Por lo tanto, el gobierno de Lula da Silva actuará como intermediario para salvaguardar los intereses políticos en la región.
Las causas del conflicto entre México en Perú
La ruptura se originó a inicios de noviembre. El gobierno de transición de Perú, liderado por José Jerí, cortó los lazos bilaterales. La razón principal fue el asilo político que México otorgó a Betssy Chávez.
Chávez, ex primera ministra, fue condenada a 11 años de cárcel. Se le acusa de participar en el intento fallido de golpe de Estado de Pedro Castillo. En consecuencia, Lima calificó el asilo como un acto inamistoso.
Además, el gobierno peruano aseguró que Chávez no es una perseguida política. Según su postura, ella cometió un delito común. Actualmente, la exfuncionaria permanece en la embajada, esperando un salvoconducto para salir del país.
Brasil al rescate diplomático
Fuentes de la Cancillería peruana explicaron el protocolo a los medios.
“Al haberse roto las relaciones diplomáticas con México, este país tiene el derecho de solicitar que otro país se encargue de sus asuntos diplomáticos (no consulares ni económicos)”.
Asimismo, añadieron que Brasil aceptó el encargo tras realizar todas las coordinaciones necesarias con Perú.
Por otro lado, la tensión política escaló a otros niveles. El Congreso peruano nombró a la presidenta Claudia Sheinbaum como persona non grata. Los legisladores alegaron una “inaceptable injerencia en asuntos internos”.
Cabe destacar que Brasil también representa a Venezuela en Lima. Esto sucede porque Perú reconoció al opositor Edmundo González Urrutia como presidente, lo que provocó otra ruptura diplomática en la zona.
Ahora, la bandera “verdeamarela” ondea en San Isidro, marcando una nueva etapa para la presencia de México en Perú.







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