Cuando nos autorizaron a entrar a rescatar los documentos que se encontraban en la casa del 15 Juárez en Ciudad Victoria, nos dijeron que la constructora encargada de la obra nos permitiría hacerlo solo un día porque los trabajos de demolición no podían atrasarse. Esa misma mañana, armamos un equipo con alumnos de la carrera de Historia y Gestión del Patrimonio Cultural de la Universidad Autónoma de Tamaulipas para rescatar lo que se pudiera. Entramos a la casa cerca de las 12 del día con batas, guantes y cubre bocas, la gente que pasaba por la calle nos veía con curiosidad; al recorrer la planta baja encontramos estantes de calzado, muchas cajas semiabiertas, pero con sus pares de zapatos adentro, había también cuatro maniquíes infantiles en cuya ropa todavía se apreciaban las etiquetas, de rostro antiguo, manchados por la suciedad del tiempo; mis alumnos dijeron que les perturbaba verlos “están de miedo.”
Subimos las escaleras y cruzamos tres habitaciones llenas de calzado, con dificultad avanzamos porque al pisar, los pies se sumían entre chanclas, botas, zapatillas y huaraches. Finalmente llegamos a dos recámaras que estaban llenas de papeles, cajas, más papeles y una cantidad infinita de tarjetas de cobranza, era imposible cualquier tarea si queríamos evitar pisar los documentos, así que trepamos con cuidado a los montones de cajas para empezar recoger todo el acervo. Cinco frenéticas horas llenando bolsas de plástico, recogiendo todos los papeles que encontrábamos: desde planos, cartas, facturas, correspondencia comercial, recados, tarjetas de cobranza, periódicos, notas de venta, publicidad, etcétera. Estábamos casi por terminar cuando apareció un trabajador y nos dijo
“¿no han encontrado la caja fuerte? Porque acá hay un pasadizo, asómense, a ver que encuentran”.
Nos prestaron una escalera para subir a un agujero que estaba en una de las habitaciones principales, era un pequeño túnel que topaba con la pared de la siguiente habitación, estaba lleno de periódicos revistas y más documentos comerciales. Llenamos 30 bolsas negras gigantes, mis alumnos las bajaron con dificultad para colocarlas en la caja de la camioneta pick up que llevábamos para trasportarlas, cuando estaban ya en el acomodo de las bolsas llegó la Guardia Estatal con el encargado de la obra a preguntar qué andábamos haciendo porque habían tenido varios reportes de la gente que nos había visto de bata, cubre boca y guantes sacando bolsas negras de la casa, ellos iban a indagar porque preguntaron al SEMEFO y les dijeron que ellos no eran.
Yo los escuchaba mientras me quitaba la bata y los guantes y me ponía mi chamarra con logos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, entonces cambiaron el tono y me preguntaron que si éramos de la UAT y qué andábamos haciendo, les expliqué que era un rescate del archivo mercantil de los Medina, propietarios de la tienda La Economía, que todos esos papeles los íbamos a ordenar, clasificar y resguardar porque eran parte importante de la historia de la ciudad; ellos se rieron “pero son papeles viejos” y nosotros historiadores les contesté. Se despidieron con cara de incredulidad y risa. Nos fuimos a resguardar los documentos y después a comer hamburguesas, molidos de cansancio. Fue satisfactorio realizar ese salvamento, pero más gratificante fue ver el entusiasmo, la entrega, la curiosidad, la alegría del equipo compuesto por Danna Paola, Alfredo Iván, Luis Arturo y Orien Agustín, que fueron incansables durante el rescate, demostrando su vocación por la historia y su compromiso con el patrimonio, me sentí orgullosa y afortunada de ser su maestra.
E-mail: [email protected]







Discussion about this post