En política no se inventa nada nuevo: solo se les cambia el acomodo a las palabras. Y si no, basta escuchar la reciente advertencia de Morena en Tamaulipas a sus adelantados: pueden aspirar, pueden levantar la mano, pueden decir que quieren… pero no pueden hacer campaña.
Ajá. Es la misma gata, pero revolcada.
La dirigente Estatal Lupita Gómez Núñez se pone seria, habla de respeto a la ley, de tiempos electorales y de disciplina partidista. Todo suena correcto, institucional, hasta elegante. Pero luego viene la voltereta verbal: expresar aspiraciones no riñe con la ley.
Y ahí está el truco. El clásico truco.
Porque levantar la mano en política no es un acto simbólico ni de buena educación. Es un mensaje. Es posicionamiento. Es empezar a caminar sin decir que ya arrancaste. No hay bardas pintadas ni lonas colgadas, pero sí recorridos “informativos”, fotos “casuales” y sonrisas estratégicamente bien encuadradas.
La advertencia suena fuerte: no habrá margen para actos anticipados. Pero todos saben que el margen existe… siempre y cuando no se note demasiado. Que no sea descarado. Que no huela a campaña, aunque tenga el mismo sabor.
Y mientras se pide calma a los suspirantes, el partido avanza en la conformación de comités seccionales. Organización territorial, le dicen. Nada electoral, claro. Solo estructura, solo presencia, solo control de tierra. Otra vez: la misma gata, pero ahora bien peinada.
Morena, como todos los partidos antes, juega al doble discurso: oficialmente no es tiempo, políticamente ya lo es. Se pide paciencia mientras los motores están encendidos desde hace rato. Nadie corre, pero todos caminan rápido.
El mensaje es clarísimo:
Sí pueden empezar, pero sin hacer ruido.
Sí pueden mostrarse, pero sin llamarle campaña.
Sí pueden competir, pero con palabras suaves.
Porque en política no se cambia el fondo, solo la forma. Y aunque le den vueltas, la realidad es una sola: es la misma gata… pero revolcada.
QUE LA CUERA SEA CUERA… Y NO DISFRAZ.
Por fin alguien entendió que la identidad no se defiende con discursos, sino con reglas claras. La decisión de la Universidad Autónoma de Tamaulipas de certificar a los productores de la cuera tamaulipeca marca un antes y un después: se acabó la improvisación y empieza la protección en serio.
Bajo la conducción del rector Dámaso Anaya Alvarado, la UAT asumirá la tarea de capacitar y avalar a los artesanos conforme a los lineamientos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. ¿Traducción al lenguaje ciudadano? Autenticidad con sello, respaldo legal y prestigio real.
No es un capricho académico. Es la ruta para que la cuera obtenga su denominación de origen y deje de ser rehén de copias baratas que usan el nombre sin respetar la historia. La identidad, cuando no se cuida, se devalúa.
El proyecto protege lo que importa: la tradición y a quienes la sostienen, especialmente en Ciudad Victoria y Tula, donde la cuera no es souvenir, es herencia. Habrá normas, revisión de materiales y un código de autenticidad que dirá sin rodeos: esta cuera sí es tamaulipeca.
Y ojo al dato: la certificación no se queda en casa. Con el aval del IMPI, el reconocimiento escala hasta la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Es decir, identidad local con respaldo global.
Si en marzo se concreta la protección geográfica, Tamaulipas habrá dado un paso firme: proteger su símbolo, ordenar su mercado y dignificar a sus artesanos.
Esto sí es política cultural con sustancia: menos discurso y más autenticidad.







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