La sensación de frío en el hogar, incluso con el sistema de calefacción activo, responde principalmente a la pérdida de calor más que a la entrada directa de aire gélido. Este fenómeno ocurre cuando la vivienda carece de la hermeticidad necesaria para retener la temperatura generada, permitiendo que el calor escape a través de filtraciones estructurales.
Fugas de aire y aislamiento deficiente
La causa más frecuente del descenso de temperatura interior son las corrientes de aire no deseadas. Elementos como ventanas mal selladas, puertas con rendijas y muros sin aislamiento actúan como puntos de fuga.
Estas aberturas rompen el equilibrio térmico, obligando a los sistemas de calefacción a trabajar con mayor intensidad sin lograr el confort deseado. Si una habitación se mantiene por debajo de los 20 o 21 grados centígrados, el cuerpo humano comienza a experimentar estrés térmico, independientemente de la ropa de abrigo utilizada.
El impacto de los materiales de construcción
La composición de las superficies influye directamente en la percepción térmica. Los materiales con alta conductividad térmica absorben el calor corporal rápidamente, generando sensación de frío al contacto. Esto es común en:
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Pisos: Losetas, concreto o laminados sin recubrimiento aislante enfrían el cuerpo a través de los pies.
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Paredes y mobiliario: Muros y muebles que no retienen el calor contribuyen a un ambiente gélido.
Edificaciones construidas con materiales que tardan en calentarse requieren un aislamiento superior para evitar que la estructura absorba la energía térmica destinada a climatizar el aire.
Diagnóstico mediante termografía
Para identificar con exactitud los puntos vulnerables de una vivienda, los expertos recurren a la cámara térmica. Esta tecnología permite visualizar:
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Fugas de calor: Zonas donde el aire caliente escapa al exterior.
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Puentes térmicos: Áreas de la envolvente del edificio que conducen el calor hacia afuera más rápido que el resto de los materiales.
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Zonas mal aisladas: Defectos en la construcción invisibles al ojo humano.
Solucionar el problema de una casa fría no depende exclusivamente de aumentar la potencia del termostato. La estrategia efectiva implica mejorar el aislamiento, sellar las corrientes de aire y verificar la eficiencia energética de la estructura para garantizar la retención del calor.







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