A pesar de la tensión histórica por la sequía, el abasto de agua para la frontera de Tamaulipas no está en riesgo. Así lo aseguró Elvia Eguía Castillo, presidenta de la Comisión de Recurso Hidráulico en el Congreso local, quien, no obstante, reconoció una verdad incómoda: Tamaulipas es la entidad que más “paga los platos rotos” para cumplir con los compromisos internacionales de México.
La legisladora explicó que el país está cumpliendo puntualmente con el Tratado de Aguas de 1944. Aunque esto implica ceder volumen a Estados Unidos, los candados legales protegen el consumo humano y buscan minimizar el golpe al campo.

El “As” bajo la manga: Agua de Nuevo León
Más que esperar lluvias milagrosas, la verdadera apuesta para salvar el riego agrícola en 2026 es la infraestructura. Eguía Castillo confirmó que este año se tiene proyectado arrancar la obra para traer agua tratada desde Nuevo León hacia Tamaulipas.
“La idea es que el gobierno federal lo inicie durante el presente año (2026) para que, más allá de si hay agua de lluvia o no, se haga realidad la infraestructura que se requiere”, señaló, indicando que esto compensaría el déficit del Río Bravo.
¿Por qué no nos quedamos sin agua?
La diputada aclaró la confusión común sobre el pago: México no está obligado a entregar todo el agua en un solo año si hay sequía. El tratado permite ciclos de cinco años para regularizar la deuda. Dado que el periodo 2020-2025 fue críticamente seco, el acuerdo bilateral permite a México reponer esos volúmenes en el nuevo ciclo, que vence hasta octubre de 2030, dando un respiro hídrico a la región inmediata.







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