Un duelo entre un hombre y una mujer en el tenis siempre despierta expectación y debate. Por eso, el partido entre Nick Kyrgios y Aryna Sabalenka, programado en Dubái, vuelve a colocarse bajo el reflector con el ya conocido concepto de la Batalla de los Sexos, una etiqueta que remite inevitablemente a los históricos enfrentamientos de 1973.
Aquellos partidos tuvieron un fuerte impacto social, en un contexto donde el tenis femenino apenas consolidaba su espacio profesional. Bobby Riggs, protagonista masculino de la época, sostenía posturas abiertamente machistas, mientras que Billie Jean King fue —y sigue siendo— una de las grandes impulsoras del deporte femenino. Medio siglo después, ella misma recuerda que “ese partido lo vieron 90 millones de personas. El tenis profesional acababa de empezar, pero se escribió mucho de aquello. Fue una cuestión de cambio social. Hizo que las mujeres ganaran mucha confianza. La Super Bowl, que es algo enorme en Estados Unidos, tuvo ese año 53 millones de audiencia. Probablemente es el momento en el que el tenis ha recibido una mayor atención…”.
Un contexto muy distinto al de 1973
Desde entonces, los duelos mixtos han sido escasos. Solo se registran cinco enfrentamientos de este tipo, con victorias masculinas en casi todos los casos. En 2025, sin embargo, el tenis femenino vive una realidad muy diferente, plenamente consolidado tanto en lo deportivo como en lo mediático.
A diferencia de la narrativa confrontativa de hace cinco décadas, el ambiente previo al choque entre Sabalenka y Kyrgios ha sido de colaboración y espectáculo. La número uno del mundo reconoció que se trata de un reto personal: “no sé qué esperar. Este encuentro es impredecible. Es lo que esperas cuando practicas deporte, enfrentarte a estas situaciones. Será un gran mensaje para las chicas, ver que tengo el coraje de desafiarme a mí misma y jugar contra Nick”.
El debate social vuelve a escena
No obstante, el partido también llega en un momento en el que ciertos discursos machistas han vuelto a ganar visibilidad en redes sociales, cuestionando la legitimidad del deporte femenino a partir de la fuerza física masculina. En ese contexto, surge la duda sobre si una derrota de Sabalenka —o incluso una victoria de Kyrgios— podría ser utilizada de forma negativa contra el tenis femenino.
Como ya señaló Billie Jean King, ni antes ni ahora las tenistas han afirmado que puedan competir en igualdad física con los hombres. Además, estos encuentros se plantean como espectáculos, con reglas especiales para equilibrar la competencia. En este caso, Sabalenka contará con ventajas reglamentarias frente a Kyrgios, quien, pese a su talento, lleva tiempo lejos de su mejor nivel competitivo.
La propia Billie Jean fue clara al señalar que “la única similitud es que uno es un hombre y otro una mujer. Lo demás no era igual. No era lo mismo 1973 que 2025. Espero que sea un gran partido y que Sabalenka gane, pero no es lo mismo”.
Respeto mutuo y espectáculo
Kyrgios, cuya elección como protagonista ha generado polémica por antecedentes personales ya resueltos en tribunales, también ha apostado por un mensaje de respeto:
“siempre va a haber ruido negativo, pero tengo el máximo respeto por Aryna. Tenemos una buena amistad. Vamos a salir a competir y somos artistas, vamos a divertirnos, pero queremos jugar un partido duro. Eso es todo. Es la jugadora número 1 del mundo y es muy capaz”.
Sobre las reglas, Sabalenka reveló que “Con dos servicios suyos yo no me hubiera sentido seguro, y no estoy bromeando”, a lo que añadió con claridad: “yo no tengo nada que perder”, prometiendo incluso “patearle el culo”.
Antes del partido, Kyrgios insistió en que el tenis necesita más eventos de este tipo:
“Hay demasiada división, demasiadas peleas y poco trabajo en equipo. Creo que demuestra que podemos lograr cosas increíbles juntos en el deporte”. Aunque también dejó claro que “obviamente, yo quiero ganar”.
Un show más que una confrontación real
Como ocurrió en duelos similares del pasado, la mayoría del entorno entiende este partido como un espectáculo. En palabras que aún resuenan desde 1992, cuando Martina Navratilova enfrentó a Jimmy Connors, Carlos Costa lo resumió así: “un buen espectáculo y permite ganar dinero”.
El Kyrgios–Sabalenka no parece escapar a esa lógica. Un evento especial, con guiños históricos, debate social de fondo y una audiencia que, más allá del resultado, busca entretenimiento. Como diría Rafael ‘el Gallo’, “hay gente pa tó”.






Discussion about this post