“Por eso no nos desanimamos. Al contrario, mientras nuestro exterior se va destruyendo, nuestro ser interior se va renovando día a día”. 2 Cor.4,6
El día cuatro de septiembre fueron llamados a la presencia de su Creador mi tío José de Jesús a quién de cariño su familia le llamaba Jehu y una de mis amigas muy querida Mercedes.
Jehu vino al mundo con una discapacidad pues era sordomudo.
Se contaba en la familia que cuando mi abuelita estaba embarazada su esposo tuvo una riña con un vecino por cuestión de tierras y cuando regresó a su casa todo golpeado y ensangrentado su esposa tuvo una gran pena por eso se suponía que el bebé había nacido así.
También se especulaba que durante la gestación hubo un eclipse lunar que probablemente lo afectó.
El caso es que desde pequeño mostró una gran inteligencia y habilidad para hacerse entender por propios y extraños mediante el lenguaje de las señas.
Mi tío trabajó toda su vida en el campo, sumamente trabajador tanto en la siembra como en el cuidado de animales.
Así como trabajaba a la hora de las fiestas y convivencias familiares era el primero en estar impecablemente arreglado con sus botas vaqueras y sombrero tejano. Listo para divertirse.
Era muy cariñoso con sus hermanos, sobrinos y demás familiares (nunca se casó).
Trabajó incansablemente durante 83 años y se puede decir que era un hombre sano pues no se quejaba ni de un dolor de cabeza.
Faltando unos días para su cumpleaños 84 (11 de febrero) tuvo un accidente cerebro-vascular que lo dejó inmovilizado del lado izquierdo de su cuerpo. Así empezó su sufrimiento hasta llegar a su fin el día cuatro del presente mes. Y pudo su espíritu ya en libertad volver por fin, a su campo tan amado.
A mi querida amiga Meche (así le decíamos de cariño) la conocí hace 35 años en una Asociación Política de Mujeres Profesionistas. Éramos un grupo muy numeroso, pero poco a poco nos fuimos identificando algunas de nosotras en forma más personal y familiar.
Meche era la numero tres de una familia de 14 hermanos, así es que desde muy joven le tocó apoyar a sus padres trabajando y estudiando a la vez.
Super alegre (amaba el mariachi) positiva, servicial siempre estaba dispuesta a colaborar. Tenía el don de liderazgo así es que fácilmente sacaba adelante proyectos tanto pequeños como grandes.
No tuvo hijos propios pero su esposo tenía una hija que mi amiga adoptó como propia y cuando ella tuvo sus propios hijos, le dio el título de abuela gracias al cariño y amor mostrado para con su familia.
Ella padeció durante largo tiempo un cáncer muy agresivo, a pesar de eso, hasta sus últimos días mantuvo una actitud de valentía y entereza que nos admiraba.
Sigue tu camino Mechita en donde no hay limitaciones, tristeza, ni dolor.
Tío Jehu, Mechita brille para ustedes la luz perpetua.
“Sabemos que al destruirse la casa terrenal o mejor dicho nuestra tienda de campaña, Dios nos tiene reservado un edificio no levantado por mano de hombre, una casa para siempre en los cielos”.
2 Cor. 5,1
PAZ Y BIEN







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