“Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta” San Lucas 13,22-30
Estimados hermanos en el Señor Jesús, nuestras lecturas de hoy son muy enriquecedoras, porque nos ayudan a comprender qué es el discipulado. En el Evangelio, alguien le preguntó a Jesús: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. Él no respondió directamente. En cambio, le dijo: “Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán”.
Ante la respuesta del Maestro Jesús, podríamos caer en la tentación de pensar que la clave para ser discípulos es buscar una puerta secreta para que, tras cruzarla, seamos salvados. Debemos ser cuidadosos, porque el discipulado no es solo entrar por la puerta. No todos los que estamos en la Iglesia somos buenos. La salvación se extiende a todos, pero el discipulado es algo en lo que debemos invertir personalmente.
¿Cómo debemos entender la puerta estrecha de la que habla Jesús en el Evangelio? Ante todo, y este es el punto más importante: la puerta estrecha es Cristo mismo. Cuando Jesús usó la imagen de la puerta estrecha para explicar el discipulado, estaba usando una imagen con la que los judíos de su época podían identificarse. Verán, si tienen un rebaño de ovejas, las meten en un corral, pero el corral no tiene puerta porque el pastor es la puerta. Queridos hermanos y hermanas, todos estamos llamados a ser discípulos. No podemos ser discípulos, ni estudiantes si no tenemos un maestro. Jesús es la puerta estrecha. Escúchenlo. Aprendan de él. Sigan su ejemplo.
Nuestra cercanía con Jesús es la base misma del discipulado. Ese es el punto más importante. En segundo lugar, debemos entender que la puerta estrecha no es solo una división de un área a otra. Puesto que Jesús mismo es la puerta estrecha, atravesarla es un LLAMADO de vida. Es una decisión consecuente. Pongamos atención a lo que nos dice la Carta a los hebreos: «Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda». Ser discípulos del Maestro Jesús implica un compromiso cada vez mayor. Significa decir sí al Señor que quiere disciplinarnos, eliminar nuestros malos hábitos y aprender a pensar y decidir mejor.
Muchos creemos que, por ser mayores, ya lo sabemos todo. Pensamos que la disciplina es solo para los niños y nos enojamos cuando nos corrigen por nuestras malas acciones o cuestionan nuestra forma de pensar. Hoy debemos renovar que todos tenemos el llamado a la disciplina. Los niños nos imitan. Podemos enseñarles a no decir malas palabras, a no tomar lo ajeno, a no decir mentiras. Ese es nuestro llamado hoy.
Queridos hermanos y hermanas, todos estamos llamados a ser discípulos del Señor. La puerta estrecha nos recuerda que debemos acercarnos a Cristo, aceptar el llamado a la disciplina y llevar la alegría de compartir el Evangelio y llevar a otros al encuentro con el Señor. No es tarea fácil, pero el Señor promete que es un camino lleno de significado. Seamos todos discípulos. Oremos unos por otros y ayudémonos a crecer en santidad.
Con mi oración, cercanía y gratitud.







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