Están por concluir las vacaciones de verano para las burocracias de la capital tamaulipeca.
Y obvio que Cd. Victoria, recibió a cientos de sus hijos que emigraros a otras regiones del país en busca de oportunidades laborales y retornaron a convivir con sus familias.
También llegaron cientos de invitados por esos hijos que encontraron mejores alternativas laborales y de vida que en su terruño.
De la misma forma acudieron personas que van de paso a las ciudades fronterizas.
O algunas del noreste del país que acudían a las playas del Golfo de México e hicieron alguna escala técnica.
Decenas más, tomaron Victoria como dormitorio para desplazase al pueblo mágico de Tula, a la zona de reserva ecológica “El Cielo” en Gómez Farías, a la presa “Vicente Guerrero” o la playa “La Pesca” en Soto la Marina.
Y en esa estancia corta en Victoria, buscaron algunas alternativas que visitar.
Y como siempre en las ciudades hay sitios de referencia a los que se acuden normalmente.
Como el mercado de la ciudad, en este caso el “Pedro J. Argüelles”, la histórica Estación del Ferrocarril además de la Central Camionera como punto de conexión con las poblaciones aledañas.
Y gran decepción para los victorenses que regresaron a casa, sus acompañantes, los visitantes de ocasión o por accidente.
La Central Camioneta, construida en 1978 y que ya ha tenido algunas remodelaciones por la concesionaria, hoy es la más deteriorada de todo el norte de México.
Pero no solo es el inmueble, sino también su entorno: los accesos, las calles aledañas, el mercado de abastos, los paraderos para el transporte público, las fondas, los “hoteles” y moteles aledaños. Una pésima imagen de Victoria para los paseantes y turistas.
Asimismo, el centenario mercado “Pedro J. Argüelles”, erigido en el centro de la ciudad en 1906, que en 1922 recibió el primer teléfono público y fue centro de exposiciones y reuniones sociales, hoy está “herido de muerte”, pues la suciedad del entorno, el desorden del ambulantaje, el deterioro de su infraestructura, se suma el caos y suciedad interna, permitida por su dueño, el Ayuntamiento.
Otro punto de atracción de ataño era la Estación del Ferrocarril, ubicada frente a la Plaza de Los Héroes de la Independencia, erigida en 1891, es decir hace 134 años, cuando se construyó la ruta del tren Monterrey-Tampico en sus 518 kilómetros.
Por el descuido de las autoridades municipales, estatales y federales, el punto que desde hace años debió rescatarse para convertirse en un Museo del Ferrocarril y un bello paseo capitalino, se encuentra en ruinas, con gran deterioro y a punto de desplomarse.
Y no solo son las áreas del predio de la Colonia Nacozari que en 1890 el Ayuntamiento cedió a la Compañía de Ferrocarril Monterrey-Golfo, sino todo el conjunto, Plaza de Los Héroes y sus calles aledañas.
En crítica situación se encuentran estos tres icónicos inmuebles, representativos de muchas de las ciudades mexicanas y de otras regiones del mundo.
Cada una de ellas dice mucho de sus habitantes, pero sobre todo de sus autoridades municipales.
Y si a ello se agrega el pésimo estado de los pavimentos de la ciudad en el centro, principales avenidas que conectan con las zonas del norte, sur, oriente o poniente, así como las entradas a la ciudad (Matamoros, El Mante, Tula, Soto la Marina) la experiencia de llegada y de estancia en Victoria fue poco grata para el turismo, paseantes y para los propios hijos de la capital tamaulipeca.
Desgraciadamente no ha estado en los planes del alcalde Eduardo Abraham Gattás Báez la gestión eficaz del remozamiento de esos sitios, o al menos en las áreas aledañas que son de su competencia.
No lo hizo en el primer periodo de gobierno con el pretexto de que el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca no solo no le apoyaba, sino que le perseguía políticamente.
Y tampoco lo hace en este segundo trienio, porque se peleó y distanció de sus hermanos morenos, al grado de que se convirtió en un apestado, ya que no lo invitan a los actos del inquilino del Palacio de Gobierno.
El caso del mercado municipal que competente cien por ciento a su Ayuntamiento, el caso es patético pues aún está pitado de rosa como lo dejó la alcaldesa interina panista Pilar Gómez Leal, cuando pretendía ser electa.
Son estas, entre muchas otras, las deudas de Eduardo Gattás con los victorenses.
Tanto que sufrió para finalmente llegar a la alcaldía, para que finamente su paso por el edificio del 17 Hidalgo sea vergonzoso.
Recuerde que lo intentó como militante PRI.
Y cuando llegó tras chapulinear a Morena, le ha quedado muy grande el saco de alcalde.
O, mejor dicho, se ha quedado muy pequeño como alcalde para la capital tamaulipeca, que requiere gente grande, capaz y visionaria para atender los problemas ordinarios e impulsar su crecimiento y desarrollo, a fin de llevarla a otro plano.
De las otras deudas ante la Auditoría Superior del Estado, luego le comento.







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