Los bloqueos carreteros que mantienen los productores de sorgo en el norte de Tamaulipas están a punto de cruzar una línea peligrosa.
Si bien su causa es legítima- la supervivencia misma del campo ante el abandono institucional-, la forma de manifestarse puede volverse contraproducente y hasta trágica si no se mide el pulso social.
La carretera Victoria-Matamoros lleva hasta ayer por la tarde más de 24 horas colapsada. Ahí se quedaron atrapadas familias, enfermos, trabajadores, autobuses, y traileros. Personas ajenas al conflicto, pero víctimas de la desesperación de otros.
Cuando una protesta se convierte en castigo a terceros, deja de ser causa justa y empieza a parecer chantaje. Y eso, hay que decirlo con todas sus letras, puede encender la mecha de la rabia ciudadana.
Si, el precio del sorgo está por los suelos. Los costos del campo se disparan. Y el gobierno federal ha dado la espalda a los productores medianos, que ni entran en “sembrando vidas” ni reciben subsidios. El clamor de quienes trabajan la tierra es comprensible.
Pero también lo es el reclamo de quienes, sin deberla ni temerla, pasan horas atrapados sin poder llegar a casa o a su destino.
El riesgo está en que, ante la omisión prolongada de las autoridades, la gente decida “abrirse paso” por su cuenta. Y entonces sí, lo que era una protesta podría derivar en tragedia.
No se necesita mucho para que un bloqueo se vuelva un enfrentamiento, un accidente o una crisis de salud.
Por eso urge, que la secretaría de Gobernación y la secretaria general de Gobierno salgan de sus escritorios y entren como mediadores.
Que no se esperen a que estalle la chispa para mandar a los bomberos.
Es ahora cuando hay que sentar a las partes, abrir mesas de diálogo y buscar soluciones de fondo.
Lo han dicho los mismos sorgueros: no quieren limosnas, quieren poder seguir sembrando.
Y tienen razón. El campo no aguanta otro año igual. Pero tampoco el pueblo aguanta otro día de parálisis. Porque cuando se pierde la paciencia, no hay tractor que detenga el coraje.
Como dicen en el rancho: “una mula patea cuando se le aprieta de más”. Hoy más que nunca, urge aflojar el nudo… antes que reviente.
TAMAULIPAS: LIDERAZGO QUE ANTICIPA Y PROTEGE
La reciente emergencia por lluvias en el sur de Tamaulipas reveló más que mil discursos: un gobierno que ya no improvisa, sino que prevé, coordina y protege.
Gracias a la alerta temprana y al trabajo conjunto entre Federación, Estado y municipios, se evitaron tragedias mayores. No hubo espectáculo, pero sí resultados.
Claudia Sheinbaum lo reconoció: algo está cambiando en Tamaulipas… y para bien. Porque aquí, en lugar de grilla y desorden, se actuó con responsabilidad, tecnología e instituciones fortalecidas. Américo Villarreal no presume, pero cumple.
Y los hechos lo dicen todo: evacuaciones ordenadas, daños controlados y una reconstrucción en marcha.
Hoy, la transformación no es sólo promesa; es forma de gobernar.







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