Más le vale al secretario de Educación, Miguel Ángel Valdez García, no confiarse demasiado… porque con Arnulfo Rodríguez Treviño no hay lealtades que valgan.
El dirigente magisterial no pide renuncias: decapita cabezas. Y si lo duda, que le marque a Lucía Aimé y le pregunte por la historia que la llevó al patíbulo.
Esta semana, Valdez salió a aclarar que los movimientos recientes en la Secretaría de Educación no fueron producto de presiones sindicales, sino resultado de una evaluación objetiva de perfiles.
Según dijo, se están midiendo bajo cuatro criterios: académico, asistencia y puntualidad, competitividad y experiencia.
“No nos interesa si vienen del sindicato o de la estructura institucional, sino que cumplan bien con las expectativas”, soltó con firmeza el funcionario, dejando entrever que esta vez, ni el sindicato ni el compadrazgo deberían meter mano.
También adelantó que pronto se dará a conocer la nueva estructura educativa, una vez concluidas las valoraciones correspondientes.
Hasta ahí, todo suena bien… pero una cosa es el discurso oficial y otra, la política real.
Porque en el magisterio de Tamaulipas, el que se mueve sin avisar… no sale en la foto, pero sí en la lista de los caídos.
DAMASO SE MOJA… PERO NO SE ESCONDE.
Mientras otros se resguardan tras los escritorios, el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya, sacó la cara y puso la institución al servicio de la gente.
En reunión virtual con directivos de los campus Sur, Mante y Victoria, el rector dejó claro que la UAT no se queda de brazos cruzados ante la tormenta tropical Barry.
Desde habilitar el gimnasio universitario en Tampico como albergue temporal, hasta desplegar personal de salud y apoyo logístico en zonas afectadas, la Universidad ya está en acción.
En Ciudad Mante, donde el agua rebasó los ríos y obligó a evacuar a familias enteras, la UAT también dijo presente, con instalaciones listas y voluntarios dispuestos.
Dámaso reiteró que la UAT está alineada con Protección Civil del Estado y dispuesta a sumar brazos, víveres y todo lo necesario para atender la emergencia. Porque cuando el agua sube, la solidaridad también debe elevarse.
Y en este temporal, al menos en la Universidad, nadie se quedó en la orilla.
LLOVIÓ TRAGEDIA SOBRE MATAMOROS
La lluvia no solo empapó las calles de Matamoros. También trajo una tragedia. Una que arrastra no solo agua, sino dolor, angustia y luto.
El cuerpo de un hombre fue localizado sin vida luego de ser arrastrado por la corriente del canal que cruza entre las colonias Mexicali y Naranjo.
En el mismo incidente, una menor de edad —María Fernández— fue rescatada con vida, gracias al valor de un vecino que no dudó en lanzarse al agua para salvarla.
La escena comenzó con una camioneta pick up. El adulto y la niña viajaban a bordo del vehículo cuando intentaron cruzar el arroyo del canal, ignorando que la creciente había convertido el paso en una trampa mortal. La fuerza del agua no perdonó: los arrastró sin piedad.
Don Guillermo González, vecino del Fraccionamiento Rincón Colonial, fue testigo de la desesperación. Se arrojó al canal, luchó contra la corriente, y consiguió poner a salvo a la niña. Pero el hombre que la acompañaba —aún sin identificar— no tuvo la misma suerte. Su cuerpo fue localizado más tarde, a varios metros del lugar donde desapareció.
La menor fue resguardada en una vivienda cercana, mientras se busca ubicar a sus familiares. Las autoridades piden la colaboración de la ciudadanía para identificarlos, y también para esclarecer la relación entre la menor y el fallecido.
La tragedia deja muchas preguntas, pero sobre todo una certeza: en Matamoros, cuando el agua sube, también lo hace el riesgo. Y cuando se cruza sin precaución, no hay marcha atrás.
Porque cuando la corriente arrastra, no distingue edades, nombres ni intenciones.







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