“Ya no temo, Señor, porque Tú estás conmigo”
Queridos lectores, les deseo que su domingo esté acompañado de la bendición del Señor y que su Palabra esté presente en sus vidas en este día.
La Liturgia de la Iglesia nos propone los siguientes textos para nuestra meditación, en el esquema de la misa del día (porque presenta otro esquema para la misa vespertina de la vigilia, es decir, aquellas que se celebran un día antes, después de las 6 pm): Hechos de los Apóstoles 12,1-11 (primera lectura); Salmo 33 con su estribillo “El Señor me libró de todos mis temores”; Segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18 (segunda lectura) y finalmente el Evangelio según San Mateo 16,13-19. Desde estos textos y la Solemnidad que celebramos, proponemos lo siguiente:
Uno de los hilos conductores de los textos es el siguiente: en el texto de la segunda lectura San Pablo termina su carta diciendo “el Señor me seguirá librando de todos los peligros…”, lo cual coincide con la primera lectura donde Pedro termina señalando que “el Señor envió a su ángel para librarme de todo cuanto el pueblo judío esperaba que me hiciera…” Y en el Salmo hemos respondido a la Palabra de Dios recibida de la siguiente manera: “El Señor me libró de todos mis temores”. Ahora, el Evangelio nos narra el pasaje conocido como la confesión de Pedro, pero si nosotros tomamos en cuenta el contexto anterior y el posterior, podemos darnos cuenta que Jesús también quiere librar a sus discípulos de sus temores, uno de ellos es la cruz, que implica la muerte y la resurrección.
No se les dará otro signo que el de Jonás, comienza diciendo el capítulo 16 del Evangelio, en un mensaje a los fariseos y saduceos. Pero también enseguida reprende a los doce por su poca fe. Después viene el texto de este domingo. Y lo que narra el Evangelio posterior al de hoy, es la corrección a Pedro, cuando Jesús le dice, apártate de mí Satanás, porque tú no piensas como Dios sino como los hombres. ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra clave de lectura? Que ellos, entre los cuales figura Pedro, tenían también miedos, temores, incertidumbres, sobre el futuro del Maestro, de ellos mismos, sobre lo que iba a venir (la Pasión). Pero Jesús quiere fortalecer su fe y afianzar su vida en ella.
Pasajes de la Biblia como el diluvio, el paso por el mar rojo, la multiplicación de los panes, o por ejemplo, la experiencia del encarcelamiento de Pedro (primera lectura), o la de Pablo (segunda lectura) donde se despide y se prepara para lo que viene, que en la lectura que hace de su situación personal, se acerca la muerte…todo eso los escritores sagrados, y el pueblo, lo interpretaban con una mirada de fe. Ellos veían en los acontecimientos la mano de Dios. Cada relato tiene un fundamento histórico, pero también una interpretación teológica y de fe.
¿Qué implicaciones tiene todo esto para nosotros en nuestros días?
Bueno, celebrar esta Solemnidad, escuchar con el corazón las lecturas de hoy, aplicar la clave de lectura a nuestra vida puede tener las siguientes consecuencias:
– Los pilares en que se fundamenta la Iglesia Católica son 3: la Biblia, la Tradición y el Magisterio. Celebrar esta Solemnidad significa entonces recordar a dos hombres que fueron fundamentales en los inicios de la Iglesia, cada uno con su personalidad, con su vocación y con su función. De Pedro seguimos recibiendo sus enseñanzas a través de sus sucesores que son los Papas.
– Los dos “apóstoles” vivieron su vida desde la fe, interpretaron lo que iban viviendo desde la fe. Hoy, nosotros, también pedimos a Jesús, Señor, aumenta nuestra fe para reconocerte como El Señor, como el Mesías, como el Dios vivo. Eso no es solo decirlo sino testimoniarlo incluso hasta dar la vida.
– ¿De qué temores queremos que nos libre el Señor? Del miedo al futuro, del miedo a perder nuestras seguridades (como bienes materiales, personas, etc.), del miedo a sufrir rechazos o desilusiones al vivir el mandamiento del amor, etc.
Hay un canto que se llama “Cristo está conmigo” y la letra va así: Cristo está conmigo, junto a mí va el Señor; me acompaña siempre, en mi vida hasta el fin (es el coro). Ya no temo, Señor, la tristeza; ya no temo, Señor, la soledad…etc. San Pedro y San Pablo llegaron a esta conclusión como fruto de su conversión. Nosotros lo hemos cantado, quizá varias veces, pero otra cosa es que lo vivamos.
Estimados lectores, que la Santísima Virgen María nos acompañe como discípulos para que podamos seguir el ejemplo de estos dos “superapóstoles” que se encontraron con Jesús vivo y resucitado y se convirtieron en sus seguidores, llegando a testimoniar su fe hasta dar la vida. El mundo necesita que les ayudemos a mirar con ojos de fe la vida. Pero para eso necesitamos nosotros superar nuestros temores con las armas de la fe.
Que tengan un bendecido domingo.







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