Los mexicanos tenemos muy arraigada la tradición del festejo familiar.
Lo hacemos en los asuntos religiosos: bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, quinceañeras, bodas y en algunos casos hasta en los velorios.
En lo civil, igual celebramos las bodas y hay la nueva ola que festinan los divorcios.
La realidad es que nos encanta el mitote, la pachanga, el relajo, como dice la raza.
Y por tano, en los festejos no escapa el sector educativo.
Hacemos de las gradaciones una fiesta familiar, aunque esta sea de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria. E ineludibles cuando se tata de la preparatoria, universidad, maestría, doctorado, postdoctorado, etc. etc.
Y toda la familia se involucra en ello, así que realizamos gastos fuertes en cada ceremonia, no solo del graduando, sino de la madre, los hermanos, el padre, la abuela y hasta la comadre y el padrino.
En el aspecto emocional es bueno reconocer el esfuerzo de los educandos, pero, por lo general, se convierte en un festejo familiar, que olvida lo esencial.
La educación es un elemento fundamental en la vida del individuo que está en su etapa formativa. De la calidad y calidez de ésta, dependerá su futuro.
Pero la educación no es solo tarea de los alumnos y su maestro. Son muchos más actores los que necesariamente deben participar porque son parte de ese sistema educativo.
Y la lista es larga: Padres de Familia, alumnos, maestro, director de la escuela, calidad de la infraestructura escolar, inspector escolar, Secretaría de Educación Estatal, Secretaría de Educación Pública Federal, Sindicato de Maestros, Consejo de Elaboración de Contenidos (libros) y metodologías de enseñanza y evaluaciones; entre otros.
Como puede verse, va mucho más allá del maestro, libros, pedagogía y alumnos.
Es importantísimo el papel de los padres de familia como observadores de los avances de sus hijos en el día a día, así como en la interacción con los maestros, director, inspector y el espacio físico de la escuela.
La misma emoción, acción y determinación que hacemos para el festejo en las graduaciones, debemos aplicarla en el curso del ciclo escolar.
Es una corresponsabilidad con los maestros y las autoridades educativas.
Los mejores inspectores y supervisores del sistema educativo, debemos ser los padres. Lamentablemente, la mayor parte se limita a dejar y recoger a los niños y niñas e los planteles, acudiendo solamente cuando aparece un reporte de mala conducta.
No pretendo “enderezar el jorobado” que tenemos como sistema educativo en México, Tamaulipas o Victoria.
Que no lo recuerdan cada vez las evaluaciones nacionales o internacionales, sobre calidad de la enseñanza, ya que salimos reprobados o pasamos “de panzazo”
Y que se hacen muy evidentes, cuando se pronto salimos al extranjero a un intercambio académico de licenciatura, alguna maestría o doctorado.
Ni tampoco quiero ser el aguafiestas en este periodo de graduaciones que está en todo su apogeo.
Solamente intento motivar una reflexión seria y autocrítica de los padres de familia sobre que calificación obtuvieron en este ciclo en su tarea de padres y por tanto parte del sistema educativo en el que están sus hijos.
Ello con la idea de que, en el siguiente ciclo escolar, en particular en aquellos alumnos que cambian de nivel se haga un mejor acompañamiento con la clara visión y misión de la corresponsabilidad. La tarea va más allá del proveerlos de las herramientas, de los alimentos y de que estén puntualmente en los planteles.
Y ya encarrilados en el verdadero rol de los padres en el sistema educativo, este espacio de graduaciones y vacaciones debe ir acompañado de mucho diálogo con los hijos e hijas, sean niños, adolescentes, bachilleres o universitarios, para confirmar su evolución educativa, detectar inquietudes, gustos, vocaciones y algo muy importante su buena conducta emocional y grado de madurez.
Lo que hagamos dentro de la casa o fuera de casa con ellos en estas etapas de relajamiento y reflexión, es tan relevante como lo que aprendieron y crecieron en conocimientos y normas dentro del plantel.
Y seguro, será determinante para acompañarlos en la importantísima toma de decisión sobre que carrera profesional cursar a la hora de la formación universitaria.
Cuando no se da esa alianza, hay muchos jóvenes que tienen dudas y al tomar caminos equivocados en la selección de la carrera, se pierden años valiosos o vidas profesionales, además de muchos recursos económicos.
Y cuando como padres, sintamos que no estamos preparados para ese acompañamiento, hay que recurrir a los especialistas para que ayuden a la toma de las mejores decisiones.
La educación pública es un derecho. Y aunque debe ser gratuita en la mayoría de sus niveles o al menos accesible por no ser tan onerosa, tiene altos costos para la nación.
Ahí se va una buena parte del presupuesto anual de los gobiernos federal y estatales.
En pago de nóminas de maestros y trabajadores administrativos, libros, así como conservación, mantenimiento y ampliación de la infraestructura escolar.
Al igual de los prepuestos familiares en alimentación, vestido, transporte, libros y materiales didácticos, entre otros.
Así es que lo mejor será que nos apliquemos a fondo para que tengamos mejores educandos, mejores hijos e hijas en cada nivel educativo, mejores profesionistas o técnicos que se sumen con responsabilidad y eficiencia al mercado laboral para construir un mejor país desde cada sector en el que se desenvuelvan.
Hagamos por hoy la tarea de la reflexión profunda como padres.
Intentemos el diálogo constructivo con los hijos para conocerlos más y orientarles mejor en cada etapa.
Y de una manera cuidadosa llevémosle de la mano para impulsarles de la mejor forma posible a la toma de su camino y destino.
Mucho más ahora que hay tantas ventanas de información y desinformación que los pueden llevar por otras rutas.
Hay que darles los elementos claves para que tengan claras tres coas esenciales.
Que nunca olviden el ¿quién soy? (origen).
Que tengan claro ¿a dónde voy? (meta)
Y sepan definir el ¿con quién voy’ (buen equipo o compañía)
Excelente fin de semana.







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