Estimado hermano, después de haber concluido las fiestas de Pascua, de Pentecostés y haber celebrado las fiestas de la Santísima Trinidad y de Corpus Christi retomamos el tiempo ordinario, el cual nos llevará domingo a domingo hasta el 23 de noviembre cuando concluyamos el año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey.
En este domingo XII del Tiempo ordinario (Ciclo C), la Palabra de Dios nos enriquece con el Libro del Profeta Zacarías (Zac 12,10-11; 13,1), el Salmo 62 (Señor mi alma tiene sed de ti), la carta del apóstol Pablo a los Gálatas (Gal 3,26-29), y el Evangelio de Lucas (Lc 9,18-24. Su tema fundamental es responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús para nosotros?
Deseo compartir esta reflexión en dos pequeños apartados:
Una declaración no muy ortodoxa. Después de realizar el signo mesiánico por excelencia (haber satisfecho el hambre del pueblo ‘Lc 9,10-17’), Jesús se retira a orar solo. Ello significa que Jesús se encuentra ante una situación importante, ya que una de las características de Lucas es presentar a Jesús en oración en los momentos más significativos.
Aquí está en juego su identidad y su misión. El pueblo le sigue entusiasmado, y entre ellos se barajean toda clase de opiniones sobre quién es. Y sin duda muchos se preguntan si no será el Mesías, aunque nadie se atreva a decirlo en alto. Los discípulos sin duda lo cuchichean entre ellos. Pero lo que la comunidad (pueblo) y los discípulos piensan y esperan de Jesús no coincide con la conciencia que Él tiene de sí mismo y de su misión.
Después de orar, Jesús toma la iniciativa. Quiere que sus discípulos y la comunidad se definan. De ahí esas dos preguntas directas: ¿Quién dice la gente que soy yo? Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
Por el tono de las respuestas, se entiende que los discípulos no comparten las opiniones de la multitud. Y al ser ‘acorralados’ por Jesús, con una invitación directa a definirse, se quitan la careta. Pedro, en nombre de los Doce, contesta: “El Mesías de Dios” Acto seguido, Jesús les prohíbe terminantemente decírselo a nadie.
¿Por qué esta reacción tan dura de Jesús que les conmina a guardar silencio igual que a los espíritus que expulsa de los endemoniados? Detrás de la declaración de Pedro está la concepción de un FALSO MESÍAS, un Mesías nacionalista, guerrero, triunfal, político, con fuerza y poder. Y nada de esto coincide con lo que Jesús llevará adelante.
La idea de Mesías que tienen los discípulos puede hacer fracasar la misión. Sólo así se entiende su severa reacción ante la respuesta de Pedro. Jesús es llamado por el Padre a cambiar la historia, dando un sentido nuevo a la liberación que Dios quiere realizar en el ser humano. Pero, ¿quién le hará caso? Todos se mueven conforme a sus intereses personales y no los de Dios Padre.
¿Cuál es el modelo de discípulo que Dios quiere? El anuncio de la pasión es precisamente una corrección a la falsa idea de Mesías que tienen los discípulos y el pueblo en general. Es tirar por tierra sus ilusiones, dando un sentido nuevo a la libertad de Dios.
El modelo de discípulo querido por Dios va a ser un fracasado, pues todos se pondrán en contra de él: “Este hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado…, ser entregado a la muerte y que resucite al tercer día”, así Jesús les anuncia que el discípulo tiene que cambiar su manera de pensar y habituarse “al fracaso” ante la sociedad aceptando incluso la muerte por fidelidad a Dios. Pero “el fracaso” no es definitivo. Es el camino hacia la resurrección, hacia la verdadera liberación de la vida.
Así Jesús, tras desvelar qué es lo que le espera, cuál es su camino y su misión, se dirige a todos, a los Doce y a la comunidad (pueblo), y les revela cómo han de vivir si quieren ser de los suyos, si quieren vivir en la libertad que solo Dios ofrece y alcanzar la plenitud.
Al igual que los discípulos, todos nosotros tenemos falsas ideologías y pseudo valores de la sociedad en que vivimos. En el seguimiento de Jesús es preciso asumir y asimilar que las cosas no nos van a ir bien. Es preciso aceptar que nuestra tarea cree controversias, sea mal vista y no tenga éxito.
El “fracaso” libremente aceptado es el único camino que puede ayudar al cristiano a cambiar de actitud frente a los sacrosantos valores del éxito y la eficacia que dominan a nuestra sociedad actual. Huir del compromiso por el reino, o amoldarse a esta sociedad por temor a la cruz o conflictos de cada día, o por querer conservar lo que tenemos, es perder la vida.
Entonces me pregunto: para mí ¿quién es Jesús? … Estimado hermano, que Jesús, Buen Pastor, te bendiga, y nos permita a cada uno de nosotros vivir en plenitud nuestra vida en Cristo. Bendecido domingo, y por favor, no te olvides de rezar por tu vocación y para que nuestra iglesia diocesana tenga las vocaciones necesarias y suficientes.







Discussion about this post