Bendita lluvia que sofoca incendios forestales y alegra los bosques.
Que irriga los campos de cultivo para producir granos, leguminosas, frutas y verduras,
Que reverdece praderas, agostaderos y llena abrevaderos, estanques, arroyuelos o ríos que alimentan e hidratan el ganado.
Que se filtra al subsuelo para recargar acuíferos y cuencas de ríos o llena las presas para aliviar la sed en las épocas de estiaje.
Si bendita la lluvia que es fuente de vida y además alimenta la fe de los pueblos y reverdece la esperanza de un mundo mejor.
Pero la lluvia también…nos recuerda los yerros cometidos en contra de la madre naturaleza.
Cuando es abundante, destapa el mugrero que hemos hecho en la vida cotidiana.
Nos reclama que en este mundo moderno no respetamos las reglas del cuidado medioambiental.
Que en el hambre de riqueza pasamos por alto la planeación urbana.
No respetamos la hidrografía y orografía a la hora de crear asentamientos humanos: colonias, barrios, plazas, avenidas, fraccionamientos, edificios, entre otros.
Que construimos en lagunas, riveras de los ríos o faldas de la sierra y eso tiene consecuencias severas en los tiempos de tormentas, ciclones o lluvias torrenciales.
Que, si no previmos el drenaje pluvial adecuado, las calles y avenidas están condenadas al desgaste severo que se lleva pavimento de manera total o parcial.
O que provoca severas inundaciones frecuentes en las partes bajas de las ciudades.
Que satura y revienta el drenaje sanitario de amplios sectores generando contaminación y riesgos de múltiples infecciones y enfermedades gastrointestinales, respiratorias o cutáneas.
Que arrastra toneladas de basura tapando drenajes sanitarios y pluviales abiertos, derivado del mal servicio de recolección y la pésima actuación de la comunidad en el destino final de los residuos de los hogares.
Que daña alumbrado público o semáforos instalados de manera deficiente.
Que redescubre o agiganta miles de baches o zanjas mal tapados o abandonados por las autoridades municipales o estatales, como ocurre en la capital tamaulipeca.
Que desvela las malas obras de mantenimiento de las redes carreteras estatales o federales.
Y descubre malos proyectos de algunas carreteras (rumbo nuevo), puentes (Altamira) o túneles (Mante Ocampo-Tula).
Aunque los casos más graves de esos errores se dan en el sector público, es decir, en los gobiernos municipales, estatales o federal, no escapa el sector privado.
Y se aprecia de manera notoria en la construcción de viviendas para el mercado e inclusive en las propias.
El agua de lluvia cuando es intensa descubre techos mal colados o bien con pobreza de cemento que los convierten en “viles coladeras”.
Excesivas goteras por mal cálculo de las pendientes para que el agua no encharque.
Humedecimientos de paredes o cuarteaduras por malas cimentaciones o haberse erigido en tierras arcillosas o fangosas.
Igual recuerda que en toda construcción es fundamental y necesaria para su conservación el mantenimiento preventivo, más que el correctivo.
Y en ello, sorprende a casi todas y todos, porque no tenemos la cultura de la prevención, es decir, no somos previsores, ni nos anticipamos para reducir los riesgos.
Pero, sin duda, lo más cuestionable y lastimoso para la sociedad es que, con las lluvias torrenciales, tormentas o ciclones, se descobija la enorme corrupción, incapacidad y deficiencias en la ejecución de la obra pública y prestación de los servicios básicos de los Ayuntamientos.
Y aunque las leyes, reglamentos y normas para que la urbanización se planifique y se haga correctamente, pueden más los intereses de los servidores públicos y las complicidades con algunos segmentos de la sociedad para que por lo general sean de reglares a malas.
De ello no escapan ni escuelas, hospitales, edificios públicos.
El agua descubre todo…
En la mejor contraloría o fiscalía del sector público y el gasto de los dineros del pueblo.
Las corruptelas quedan al descubierto.
Y pocos funcionarios pasan esa rigurosa auditoría.
Desgraciadamente Cd. Victoria sale reprobada.
Venimos arrastrando una larga fila de años de quebrantos a las normas.
Y a pesar de saberlo muy bien, se siguen repitiendo los mismos errores.
Pareciera que el gran negocio es hacerlo mal… hay doble ganancia para los políticos, lo que les queda al hacer una mala ejecución de las obras. Y lo que gastan en intentar componerlas.
Ejemplos…hay muchísimos, sería interminable hacer una lista.
Voltee a su entorno y los descubrirá, en estos momentos de las abundantes lluvias.
Benditas lluvias…que además de terminar el ciclo de sequía nos revelan que tipo de gobiernos locales tenemos y hemos tenido.
Bueno sería que aprendiéramos la lección para la renovación en el 2027.







Discussion about this post