La primera lectura de hoy, tomada del Deuteronomio 5, 12-15 señala un mandato dado por el Señor a su pueblo Israel: “Santifica el día sábado, como el Señor, tu Dios, te lo manda…es día de descanso dedicado al Señor, tu Dios”. Y en ese mismo texto da las razones para guardar este día: en memoria de la liberación de Egipto. Pero también lo hacían para imitar a Dios creador que en seis días hizo el mundo y el séptimo descansó.
En el Antiguo Testamento hay muchas citas bíblicas que dicen que hay que guardar ese día, y muchos se quedan con la idea de que si está en la Biblia entonces hay que cumplirlo. Sin embargo, no debemos olvidar que la Palabra de Dios está también en el Nuevo Testamento y en éste no hay ninguna cita donde diga que los cristianos guardaban el sábado, sino más bien el domingo.
Todo lo que está en la antigua alianza (Antiguo Testamento) lo debemos ver a la luz del Nuevo Testamento, porque el mismo Jesucristo dice que no vino a abolir la Ley sino a darle plenitud (Mateo 5,17). Encontramos en todo el capítulo cinco del Evangelio de Mateo la explicación sobre cómo perfeccionar la Antigua Alianza en relación al adulterio, el divorcio, la venganza, etc. En los evangelios Jesús no su primer explícitamente la ley del sábado. En éste día visitaba la sinagoga y anunciaba el Evangelio.
Jesús atacaba el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley diciéndoles “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc. 2,27). El deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo. Además se atribuyó poder sobre el sábado cuando dijo que “el Hijo del hombre es Señor del sábado” (Mc. 2,28). Esta manera de observar el sábado chocó con la mentalidad legalista farisaica.
Es en esta tesitura que en el Evangelio, tomado de Marcos 2,23-3,6, se presenta una polémica de los fariseos hacia los discípulos de Jesús por violar el mandato de guardar el sábado: no se debe trabajar, no se deben dar más de mil pasos, no deben comprar ni vender (Nehemías 10,31-32), etc. y los discípulos arrancaron espigas, y no solo eso, también Jesús curó a un tullido de la mano. Pero con esta crítica se van al extremo porque ¿qué es mejor, salvar la vida de un hombre o dejarlo sufriendo? La dignidad humana, la persona humana, deben ser el fundamento de las leyes, y no al revés.
Jesús estaba consciente que haciendo el bien en día sábado, imitaba a su Padre, quien continúa cuidándonos a través de su providencia. Actuó con libertad de espíritu frete a esa ley, promoviendo una evolución de la ley hacia su perfección: el bien se hace no importa donde ni cuando.
Los primeros cristianos muy pronto comenzaron a celebrar el culto de la Nueva Alianza, o sea la Eucaristía, en domingo, al que llamaban el primer día de la semana. De hecho los calendarios anteriormente comenzaban con el domingo. Ellos respetaron ese día porque el domingo ocurrieron los hechos más importantes de nuestra salvación. Si los judíos guardaron el sábado para recordar la obra de la creación, los cristianos celebrarán el domingo para recordar la obra de la redención.
Recientemente el Papa Francisco ha hecho un llamado a redescubrir el sentido y el valor del domingo, de la eucaristía y de nuestra participación. En la audiencia del 13 de diciembre de 2017 dijo que: “La celebración de la Eucaristía dominical da sentido a toda la semana y nos recuerda también, con el descanso de nuestras ocupaciones, que no somos esclavos sino hijos de un Padre… Por desgracia, para muchos la Misa del domingo ha perdido sentido, piensan que basta ser buenos y amar. Esto es necesario, PERO NO ES POSIBLE SIN LA AYUDA DEL SEÑOR, sin obtener de Él la fuerza para conseguirlo”. Vale la pena buscar y leer todo lo que el Papa ha dicho sobre este tema.
Queridos hermanos, considero importante comprender por qué guardar el domingo. Las lecturas ponen sobre la mesa el tema para nuestra reflexión. Podemos preguntarnos: ¿qué día de la semana dedico a Dios?, ¿cómo imito al Dios creador que también descansó?, ¿cuál es una razón legítima para no asistir a misa?
Que la santísima virgen María nos acompañe en nuestro camino de seguimiento de su hijo Jesús y que nos ayude a reunidos como pueblo de Dios a escuchar su Palabra y a recibir su bendición para regresar a nuestras ocupaciones diarias con la fuerza de vivir nuestra fe.
¡Bendecido domingo!







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