En el ritmo de la liturgia de la Iglesia Católica se sigue viviendo el
tiempo de la Pascua, es decir, la Resurrección de Jesucristo, se celebra
el cuarto domingo de Pascua.
Me parece importante reflexionar lo que dice la primera lectura de
este domingo tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, 2, 14.
36 – 41, “Sepa todo Israel con absoluta certeza, que Dios ha constituido
Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.
Esa es la certeza de la fe. Jesús, el Señor, que fue crucificado y
puesto en un sepulcro, resucitó y vive. La fe de los creyentes esta
fincada en Cristo vivo.
Por eso en este domingo se presenta como el Buen Pastor. “Yo
soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y
encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo
he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. (Jn 10, 1 –
10).
Los creyentes a veces son como ovejas descarriadas. Pero el
Pastor y guardián de sus vidas quiere llevarlos a una vida plena. Se
requiere que se escuche su voz porque él les ama de verdad.
Jesús es la puerta que da acceso a la salvación. Se tienen que
cuidar de quienes quieren confundir, porque el ladrón “sólo viene a
matar, a robar y a destruir”.
El mundo sólo puede encontrar salvación y vida eterna en Cristo
Jesús; y nadie más.
Se puede orar con la oración de la misa dominical: “Dios
todopoderoso y eterno, te pedimos que nos lleves a gozar de las
alegrías celestiales, para que tu rebaño, a pesar de su fragilidad, llegue
también a donde lo precedió su glorioso Pastor”.
Ha resucitado Jesucristo nuestra esperanza







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