Científicos de la UNAM coinciden con el Sexto Informe de Evaluación del Panel de Expertos sobre Cambio Climático (ONU) que alertan de periodos de sequía para México más intensos y prolongados. Por su ubicación geográfica se encuentra entre países con escasez severa de agua, que irá profundizándose.
El Servicio Meteorológico Nacional indica que en 2023 llovió 21% menos, lo que ocasionó déficit de 26% en el llenado de presas; además fue el año más cálido y seco de la historia con temperatura promedio de 22.7 C, y prevé que 2024 siga con sequía y pocas lluvias.
Para abordar desafíos relacionados con el acceso al agua destacan dos aspectos. Reconocer la magnitud de los problemas existentes en término de seguridad en el acceso al agua y el impacto significativo del cambio climático que agrava los problemas persistentes.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, el Sistema Cutzamala (representa 25% del abasto) podría acabarse pronto. El artículo 3 de la Ley General de Protección Civil señala que una emergencia es una “situación anormal que puede causar daño a la sociedad y propiciar riesgo excesivo para la seguridad e integridad de la población en general, generada o asociada con la inminencia, alta probabilidad o presencia de un agente perturbador”.
El artículo 59 indica: “La declaratoria de emergencia es el acto mediante el cual la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana reconoce que uno o varios municipios o delegaciones de la Ciudad de México, de una o más entidades federativas se encuentran ante la inminencia, alta probabilidad o presencia de una situación anormal generada por un agente natural perturbador y por ello se requiere prestar auxilio inmediato a la población cuya seguridad e integridad está en riesgo”. La falta de agua y las sequías son emergencia y desastre natural.
El peligro es la falta de acciones pues soluciones hay, además muchas omisiones. El rápido crecimiento demográfico y la urbanización sin control contribuyen a la demanda insostenible de agua en la Ciudad de México y otras. La infraestructura es obsoleta, factor clave que contribuye a la escasez. Las tuberías viejas, sin mantenimiento y sistemas de distribución ineficientes son pérdidas de agua a lo largo del suministro.
Se calcula que más de 50% del agua se pierde por fugas y problemas en la red de distribución, La gestión del suministro se caracteriza por falta de planificación y no hay políticas públicas sostenibles.
La ausencia de medidas efectivas para conservar y utilizar de manera eficiente el agua exacerba la escasez. Súmele la opacidad en la rendición de cuentas en la administración de los recursos hídricos, lo cual ha contribuido a perpetuar prácticas ineficientes.
No existe una solución única. No se trata de buscar más fuentes de agua. La clave radica en implementar soluciones combinadas y urgentes: reciclaje y tratamiento del agua proveniente de sistemas de drenaje pluvial y sanitario.
Esta práctica en otros países permite utilizar el agua tratada para diversos fines. El agua de lluvia podría captarse. Sin olvidar la reforestación de zonas sin árboles que son fábricas de agua.
o contamos con políticas que fomenten la conciencia sobre la importancia del agua y su uso responsable. Comprender la dimensión real de este recurso y su valor intrínseco debe ser promovido a través de iniciativas educativas comunitarias.
Debe pesar más la valoración económica del agua pues si bien este recurso es un derecho, también conlleva responsabilidad y hacerla llegar al grifo tiene costo. Así que, el agua que aún queda, no la desperdicie, cuídela, porque sí es lo más preciado.

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