Me parece que el título de hoy es muy obvio en su entender y muchos mexicanos de todas las estaturas estamos hasta ¿el gorro? de escuchar siempre lo mismo, aún en labios femeninos o masculinos sin importar el color del partido que les patrocina o al que patrocinan para contribuir a la asignación financiera del INE.
Recientemente escuché las declaraciones por la radio local del ¿’dueño’? del Partido del Trabajo en Tamaulipas, Alejandro Ceniceros, cuando se refirió al “gran proyecto de la Megafarmacia” presidencial y repitió el rezo del tabasqueño Manuel López, con relación a los detractores, a los enemigos del régimen lopezobradorista.
El tamaulipeco defendió con mucha pasión la Megafarmacia gubernamental, el tono de la voz dejaba escuchar la pasión del legislador, pues para los que tenemos necesidad de la medicina pública, identificamos la nueva gran mentira de Palacio cuando afirman que en 24 horas el fármaco que haga falta, es enviado desde Huehuetoca, Edoméx., a cualquier parte de la República que lo solicite.
Los derechohabientes del IMSS o del ISSSTE, sabemos de las mentiras que defiende quien representa los intereses del presidente López en el Congreso de Tamaulipas y no los intereses en salud de quienes le dieron el voto.
Son muchos los ejemplos de medicamentos que no se surten en las farmacias de las instituciones que se citan, como la Liraglutida, solución inyectable de 6 mg/mL con el nombre comercial de Victoza y que los pacientes que la requieren aseguran que en el IMSS de la Loma tienen por lo menos tres meses sin que la surtan.
Aceptamos que el medicamento (Liraglutida) es demasiado caro para las clases populares, debido a que solo en la caja del producto aparece el precio de 5 mil 743 pesos por dos jeringas tipo pluma, lo que resulta obvio, escapa del presupuesto familiar.
La mentira es la constante presidencial y del séquito de colaboradores, aún de color diferente del partido en el poder. Incluso se puede decir que la tolerancia es otro de los grandes problemas de México.
Exceso de tolerancia para cierto tipo de conductas, antes ilícitas y que eran sancionadas por los “gobiernos neoliberales… enemigos del pueblo… corruptos…” como la expansión de la delincuencia organizada en el territorio nacional, lo que provoca inseguridad pública.
Desde hace varios años, muy cerca de la Cámara de Senadores en el Paseo de la Reforma y Av. de los Insurgentes, de la Zona Rosa de la CDMX, todos los días es una romería de venta y consumo de cannabis (mariguana) y hasta la semilla la venden ahí.
En reciente visita a la capital me sorprendí al caminar frente a los Juzgados Familiares del Poder Judicial de la CDMX, a un lado del edificio del Museo de la Tolerancia, con un olor de mariguana con su muy penetrante hedor que invadía el ambiente y con sorpresa descubrí otra área de venta y consumo de Cannabis.
Los capitalinos han aceptado que vehículos de todos tamaños circulen por toda la CDMX, inclusive en el conocido como Centro Histórico, tráileres hasta con doble remolque, autobuses foráneos circulan sin problemas.
¿Qué pasa con los vándalos que hacen destrozos hasta con marros y martillos en fechas significativas? Nunca son detenidos y mucho menos procesados por conductas antisociales, daño en propiedad ajena, obstrucción de vías de comunicación, vandalismo o cosas así. ¿Exceso de tolerancia o complicidad?

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