Exitoso y bonachón
Mi padre Noé Báez Coronado llegó a Ocampo, Tamaulipas, en septiembre de 1962, y conoció el nombre de algunos personajes influyentes de la política, entre ellos al Sr. Ángel Trejo Turrubiates, quien fue Presidente Municipal (1952-1954) y al Sr. Alberto Granados Pedraza, ex-alcalde ocampense (1958-1960).
Además a José García Reyes, Juez Menor, José Rodríguez, Jefe de la Of. Fiscal y a Carlos de Jesús Cedillo Abundis (+), quien era un joven y dinámico funcionario, que a la sazón se desempeñó como Secretario del Ayuntamiento, con el edil Juan Gómez Domínguez (1961-1962), originario del ejido Altamira y Atravesaño.
En aquel tiempo se decía, qué cualquier ciudadano podía ser alcalde, solamente apoyado por un buen secretario, de tal manera que no habiendo en ese entonces, gente muy ilustrada en la comarca ocampense, pues a los que más sabían les era permitido repetir en la función pública.
En octubre de 1962, Noé Báez acompañó a una comisión de padres de familia de la primaria del Ej. Ricardo Flores Magón de Ocampo, a la cabecera, donde pudo constatar el espíritu de servicio del Secretario del Ayuntamiento, Carlos Cedillo, quien los apoyó para sus gastos y alcanzó hasta para unos “tragos de tequila”.
La comitiva la integraron Gabriel Rodríguez (+) y Santos Rodríguez y al pasar los años, Noé se enteró que Carlitos Cedillo, había sido miembro de la Banda de Música “Bella Época”, que se organizó cuando fue presidente Ángel Trejo, bajo la batuta de otro distinguido ocampense, el poeta y compositor, el profesor Isidro Vela Meléndez.
Por azares del destino, el referido “Carlitos” Cedillo Abundis, como le llamaban sus amigos más cercanos y familiares, Báez Coronado lo hizo su cuñado, pues se casó en “El Vergel de Tamaulipas”, con su hermana la profesora María Irma Cedillo Abundis, en el año de 1967.
Como la familia, quedó huérfana de padre a muy corta edad, Carlitos pasó a ser el Jefe del clan, y el pedimento de mano fue ante la presencia de la madre de la novia, la Sra. Anita Abundis Estrada y su hijo Carlos, incluso el día de la boda, él y su madrecita, le entregaron a Noé, “una distinguida dama que hasta hoy es su
esposa”.
El referido “Carlitos” Cedillo Abundis y su esposa Hilda Domínguez Nava (+), nativos de Ocampo, después hicieron compadres a mis padres Noé Báez e Irma Cedillo Abundis, quienes con gran afecto, llevaron a la pila bautismal a su menor hija Griselda.
Carlos de Jesús Cedillo Abundis nació en Ocampo, Tamaulipas, el 5 de febrero de 1931, nuestro personaje se casó el 25 de mayo de 1958, con la joven Hilda Domínguez Nava (Nac: 28-Nov-1938), en breve lapso apareció su primer hija Nora (Nac: 18-Sep-1959), más adelante vinieron al mundo, Sandra, Lety y Griselda.
Una vez concluido su ejercicio público en Ocampo, mi tío Carlos junto con su esposa Hilda e hijas, decide migrar a Cd. Valles, S.L.P., en donde empezó a laborar como Obrero General, según las crónicas de esa época, fue de los fundadores del ingenio “Plan de Ayala”.
Don Carlitos Cedillo, se iba a la plaza principal de Cd. Valles e invitaba a los boleros y a los que vendían “rancheritos”, los contrataban como obreros en el ingenio local, también se llevó gente de su pueblo de Ocampo, a laborar en esa factoría del estado de San Luis Potosí.
Nuestro paisano de Ocampo, anduvo un lustro de líder en Cd. Valles a los 35 años de edad, como era un hombre muy trabajador, diligente y de mente avanzada, pronto lo eligieron Secretario de Trabajo en la Sección 7 “Azucarera” y posteriormente Secretario de Finanzas.
Aunque “Carlitos” Cedillo sólo cursó la primaria, nunca le faltó un título profesional para ser una persona exitosa y brillante, inclusive su familia aún tiene fotografías en la que aparece al lado de Fidel Velázquez, el máximo dirigente de la CTM, con quien coincidió en varias asambleas sindicales en la Ciudad de México.
Cada vacaciones Carlos llevaba a su esposa e hijas (Nora, Sandra, Lety y Griselda) a Tampico, México y Ocampo, refieren que en su casa de Valles, daba permiso a los menores para que vieran Tv, Carlitos a veces, era capitán del equipo de vóleibol de los niños y Doña Hilda, del equipo de las niñas (donde estaban sus pequeñas).
Mi tío Carlos era asiduo lector de periódicos, libros y de la revista “Selecciones”, hoy su hija Nora comenta, “mi padre siempre fue muy dedicado, nos proveía de los insumos para la comida, estaba al pendiente de la escuela de nosotras y se preocupó, junto con mi madre Hilda, de brindarnos una formación católica”.
Carlitos les festejaba a sus hijas en sus cumpleaños, él mismo confeccionaba las piñatas, a veces hacían los convivios en la calle frente a su casa de Cd. Valles, S.L.P., y allí se repartían a todos los niños y niñas de la colonia, dándoles bolsas de dulces y mi tío para variar, tenía el don de leer el pensamiento a mi tía Hilda.
Facebook: olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien







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