Demasiado ruido político hay en el ambiente con los libros de texto gratuito, donde un alto
número de quienes opinan en medios, en los cafés, en las redes no los han visto, ni mucho
menos leído e incluso algunos de los gobernadores que han prohibido su distribución en
los estados que gobiernan, ni siquiera se han repasado las lecciones de primer grado de
primaria.
Pero mientras esa discusión acapara las noticias nacionales y la guerra en Ucrania
parece estar pasando de moda, la comunicación de masas hace lucrativos negocios en la
era del capitalismo salvaje. Donde se manipula a sectores sociales para sacarle dinero del
bolsillo de la forma más dulce y rosa posible.
Más allá de la discusión política de los libros de texto, los grandes temas de este
verano en México son el éxito cinematográfico de “Barbie” y el reality “La casa de los
famosos” producción que vuelve a poner a Televisa como una empresa líder capaz de hacer
que la gente vea televisión abierta, cuando este medio de comunicación parece encontrase
en una de sus peores crisis y los públicos están emigrando a las plataformas de streaming.
Millones de personas como público cautivo, en el hedonismo puro; el
entretenimiento sin más pretensiones, la práctica del ocio como el momento cumbre de la
felicidad personal. La reflexión profunda de los contenidos sale sobrando, porque el objetivo
es solo uno, la diversión sin más.
Pensar si Barbie es feminista o si se han trabajado mensajes ocultos para no
escandalizar, si se evoca a la libertad u otras cosas, es pretender anclar reflexiones
profundas y filosóficas donde no las hay. Discutir si la televisión abierta a dejado de ser
moralina para volverse plural por el solo hecho de que Wendy, quien representa al
movimiento LGTB en el reality ganó el concurso, es creer que a los publicistas les importa
la igualdad de género.
En ambos fenómenos solo existe un lucrativo negocio de mucho dinero donde sí se
debe reconocer la genialidad de quienes han manejado estos productos. Wilbur Schramm
el gran teórico de la comunicación de masas, dice que todo mensaje tiene un significado
superficial y otro oscuro; y creo que en ambos casos el mensaje superficial es la felicidad y
el oscuro la mercadotecnia y el consumo.
Pero el tema no es tan sencillo, Schramm señala que “para obtener cualquier cosa
de cierta importancia mediante un mensaje, el trasmisor debe lograr que el receptor lo elija
y lo atienda, lo acepte y que el mensaje pueda traspasar la censura y las normas de grupo”.
Y es aquí donde radica el éxito de los temas de este verano, quienes diseñaron dichos
productos lograron vencer la censura, llamar la atención de ciertos grupos sociales y
hacerlos consumidores de su mensaje.
La genialidad de los publicistas tanto de “Barbie” como de “La casa de los famosos”,
está en mover a millones de personas para que gastaran tiempo y dinero en productos cuyo
trasfondo es vacío, pasajero, fútil. Pero parece que estamos muy lejos de la propuesta
fundamental de Schramm, quien también señalaba que la comunicación de masas debe
ser utilizada por los medios como una herramienta efectiva en beneficio del entendimiento
de las personas y las naciones en su mayor provecho. No hay más allá de “Barbie” y “La
casa de los famosos”, más que la espera de nuevos productos consumibles y desechables,
hechas para las masas hambrientas de productos visuales que no las obligan a cuestionar
su existencia.
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