El próximo 11 de julio es el Día Mundial de la Población, mismo que se conmemoró por vez primera en 1990.
Ello, luego de que en 1989, el Consejo de administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hiciera la propuesta.
La relevancia de esta fecha es la importancia de evaluar de manera permanente no solamente cuantos somos en el planeta, sino la distribución y sobre todo el comportamiento del crecimiento o reducción de cada segmento.
La información es fundamental porque los países a su vez, a través de los censos de población y vivienda, van moldeando sus políticas públicas.
Mismas que deben modificarse en función de las necesidades de los grupos que las conforman.
De acuerdo a los datos que en forma previa aporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía ( INEGI) con motivo del Día Mundial de la Población, hay elementos valiosos a considerar.
Estamos inmersos en una nueva configuración de la distribución por edades, desapareció la clásica “pirámide poblacional” de 1970 y 2000, para empezar a convertirse en un rombo, que paulatinamente irá derivando en un hexágono poblacional.
Las políticas públicas de planificación familiar impulsadas desde hace más de 40 años, han tenido su impacto, de tal forma que la población de 0 a 15 años deja de ser la base más amplia de la sociedad mexicana.
Y de la misma forma, las acciones de mejora continua en la seguridad social y el cuidado de la salud de las personas han ampliado el periodo de vida, tenemos franjas más grandes de población de más de 60, 65, 70, 75, 80 y 85 y más.
En el concierto internacional, México el del décimo país más poblado de mundo, con 129 millones de personas al primer trimestre del 2023.
Primero que nuestro país están India con 1, 429 millones; seguido de China 1, 426 millones ; Estados Unidos de América 340 millones; Indonesia 278 millones; Pakistán 241 millones; Nigeria 224 millones; Brasil 216 millones; Bangladesh 173 millones; y Rusia 144 millones.
De manera global somos 8 mil 045 millones de personas sobre la faz de la tierra.
Aunque el ritmo de crecimiento en México se reduce, somos tres millones más que en el censo de población de 2020 y 17 millones millones más que en el años 2010.
En los últimos 53 años, es decir, de 1970 a 2023 el porcentaje de población de 0 a 14 años disminuyó de 46 a 23 %.
También se dio una baja marginal de la población de 15 a 29 años al pasar de un 26 al 24 por ciento.
Pero se dio un salto muy grande de la población adulta de los 30 a los 64 años, disparándose del 24 al 43 % .
Y un crecimiento menor, pero significativo ocurre en los adultos mayores de 65 años, pues se incrementó más del doble, al pasar del 4 al 10 por ciento.
De acuerdo a los análisis del INEGI aunque el aumento gradual de la población envejecida representa un reto para el país por las implicaciones en materia de salud y pensiones , el bono
demográfico se visualiza como una oportunidad por la gran cantidad de personas en edad de
trabajar.
Organismos internacionales señalan al impacto y magnitud del bono demográfico, como una ventaja potencial al alcance de los diseñadores de políticas económicas y sociales, depende de la capacidad que tiene la economía de un país para absorber productivamente a las personas que ingresan a la edad laboral.
Por lo tanto, el gran reto que tiene nuestro país es incentivar la inversión nacional e internacional para aprovechar ese bono demográfico con mayores ofertas de empleo que sigue siendo alto y ha oscilado de 2005 a 2023 de 2.2 a 4.4 por ciento con el pico más alto en el 2010.
Asimismo reducir la economía informal pues la mitad de las personas ocupadas de los 25 a 64 años se encuentra en ese sector, influido de alguna forma por el bajo nivel de escolaridad de la población en general que se ubica aún a 10.3 años de estudio.
Fundamental por tanto que en las políticas públicas de los tres niveles de gobierno se refuercen las acciones para elevar el nivel y la calidad de la educación, la atracción de inversiones para la generación de empleos formales y el mejoramiento amplio del sistema de salud y la previsión social para la atención de una creciente población de adultos mayores.
Tareas en las que deberían estar ocupados los tres niveles de gobierno, en lugar de las batallas intestinas de descalificaciones en la antesala de la disputa del poder en el 2024.
Confrontaciones manifiestas en el anticipado juego de la sucesión presidencial y el denigrante lenguaje político ejemplificado con el calificativo de “corcholatas” a quienes pueden llegar a ser candidatos o candidatas a la presidencia y seguramente alguno de ellos titular del Poder Ejecutivo Federal.
Si somos el décimo país en el número de población y tenemos 3 mil 169 kilómetros de frontera con Estados Unidos, una de las naciones más poderosas en el concierto mundial, habría que redoblar esfuerzos en la unificación interna para aprovechar mejor las oportunidades, en lugar de apostar por la fractura, división y descalificación.
En la nueva radiografía mundial, su reconfiguración, los avances científicos y tecnológicos, así como las nuevas amenazas climática y bélica, tendría que haber más cosas que unifiquen a los 129 millones de mexicanos para ser mejores actores en el nuevo escenario mundial.
Y con ello, dejar atrás el mediocre papel que hemos tenido como parte del “tercer mundo”, muy parecido al empantanamiento clásico de nuestro TRI en materia futbolera en cada copa mundial.
Los números, cuando somos, como somos, que necesitamos y como podemos crecer, son valiosos para la planeación, para definir el rumbo más allá de la corta visión de las urnas de cada sexenio.
Las visiones de corto plazo, el grupismo y pintar al país de colores son fatales para el auténtico desarrollo con progreso para todos.
Es el tiempo para que México de el salto cualitativo en el bienestar general de su población. De aprovechar el “bono demográfico” y la circunstancia del reacomodo de capitales en esta etapa de la globalización.
Los números dan una ruta de certidumbre.
Ojalá que nuestros políticos del momento tengan una pizca de mente matemática.

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