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La Pandemia que no se fue

Por: Gerardo Flores Sánchez
mayo 22, 2023
in Opinion
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Una vez que el pasado 2 de mayo de 2023 la Organización Mundial de la Salud declaró terminada la Emergencia de Salud Pública de Interés Internacional por la COVID-19 y que en seguida la Secretaria de Salud de nuestro país hizo lo propio, se justifica hacer aunque sea de manera inicial y general, una evaluación de lo ocurrido.

Se hace necesario el recuento preliminar de los daños, de las enseñanzas que nos dejó, identificar la etapa en que nos encontramos y definir las tareas prioritarias que nos impone para el presente y para el futuro mediato, si es que no queremos volver a vivir la pesadilla o estar preparados para enfrentarla mejor.

A más de un siglo de la pandemia de influenza de 1918, la crisis sanitaria, económica, social, política y humanitaria que causó la COVID-19, mostró al mundo, que pese al avance científico-técnico y la riqueza acumulada, una humanidad caracterizada por la desigualdad social extrema, sigue siendo altamente vulnerable a los embates cíclicos de agentes biológicos microscópicos con los que convivimos sin armonía.

Se rompió la ilusión que por siglos ha alimentado la falsa creencia de que la naturaleza gira entono a los humanos y que podemos explotarla y destruirla sin graves consecuencias para nosotros mismos.

La pandemia de la Covid-19 inició en diciembre de 2019, tuvo su máxima intensidad en el año 2020 y actualmente, en su cuarto año de evolución, aún con una potencia ya muy reducida, sigue afectando al mundo y a las naciones a través de una crisis económica post pandémica, que amenaza especialmente a las consideradas emergentes como México y a las de más bajo nivel de desarrollo económico social.

Latinoamérica fue una de las regiones del mundo más afectadas por esta pandemia. Según la OMS el saldo mundial de la pandemia fue de 765 millones diagnosticados y 6.9 millones de muertes, sin embargo considerando la subnotificación se estima que pudo ser de hasta 20 millones. Su máxima intensidad en México fue en el año 2020.

De acuerdo al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), hasta abril de 2023, se realizaron 7.5 millones de estudios, de los cuales 821 resultaron sospechosos; el 10% requirieron hospitalización y 334 mil fallecieron. En Tamaulipas en ese periodo se registraron 185 mil casos, de los cuales murieron 8351.

La intensidad, velocidad y magnitud de la incidencia de enfermos graves y fallecimientos rebasó en todos los países la capacidad de los sistemas sanitarios en sus tres niveles de atención y evidenció la ausencia o ausencia de sistemas de cuidado, especialmente los de más bajos recursos y mayor desigualdad social,

La gravedad de la emergencia determinó la adopción estrategias de contención y mitigación extremas que afectaron especialmente a los grupos más vulnerables, como son los de menor nivel socioeconómico, mayor vulnerabilidad social y de nula o escasa protección social.

Ante el desconocimiento del SARS-Cov-2, de la ausencia de medicamentos, vacunas y de estrategias epidemiológicas efectivas para detener y controlar la pandemia, los centros de investigación desarrollaron una acelerada producción científica sin precedentes.

Las trasnacionales demostraron su sobrada capacidad para dar soluciones biotecnológicas a los más grandes problemas sanitarios del mundo. Pero también exhibieron su codicia, falta de ética e insensibilidad social, que no pudo ser contenida por los llamados humanitarios y esfuerzos heroicos de la OMS.

En América Latina, ni siquiera el 30% de personas han recibido la primera dosis. Y prácticamente por razones económicas es por ahora inaccesible el fármaco que han probado ser efectivo para proteger de la infección por el virus.

Así, esta primera gran emergencia sanitaria mundial del siglo XXI, de la que aún no emergemos del todo, se convirtió en una crisis global por sus efectos económicos, sociales y políticos. Resultado al mismo tiempo en una oportunidad para que la comunidad internacional haga renacer la fraternidad universal que construya la sociedad justa, equitativa, saludable y sostenible. Pero también en una puerta abierta para que las corporaciones hagan el gran negocio que ponga definitivamente a la humanidad en sus manos.

Según el Banco Mundial, el paro económico y el confinamiento generalizado causó en 2020 una caída del 5.2% del PIB. La desaceleración en 2022 fue del 3.4% y se estima que en 2023 la desaceleración de reducirá al 2.9%, para luego repuntar a 3.1% en 2024.

En México la caída en 2020 fue del 8.5%. Se estima que repuntará a 1.4% en 2023 y se estima que en 2024 logrará alcanzar el 2.2%. .

Cabe hacer la aclaración de que la declaratoria oficial de la terminación de la emergencia, no significa que el virus que la causó, haya desaparecido, pues no está erradicado del planeta. Este microscópico ser, sigue tan vivo, evolucionando y luchando por sobrevivir como nosotros, los humanos.

Tampoco se puede decir que se hayan suprimido las condiciones para su difusión y mutaciones, pués el daño a los ecosistemas y a la biodiversidad que propició su dispersión entre los humanos, sigue aumentando y diversificándose. La vacunación esta lejos de haber alcanzado la cobertura universal y por lo tanto el virus no está eliminado.

Así mismo, no se han controlado las otras pandemias (obesidad, diabetes, hipertensión) que precedieron y acompañaron en un complejo sindémico la del COVID-19, conformaron la tormenta epidémica perfecta.

Por otra parte, aún sigue sin conformarme y consolidarse de manera nacional el nuevo sistema de salud que busca corregir los daños y las deficiencias del llamado seguro popular que en la etapa neoliberal llevó a la ruina la salud pública de México y que nos dejó en alta fragilidad ante la descomunal potencia de la pandemia.

Podríamos decir cuando mucho, que entró en una fase de control epidemiológico, considerando que los casos de formas graves, que requieren hospitalización y las defunciones cayeron radicalmente.

Este capítulo de la batalla terminó, pero debemos asumir que la historia continuará. El SARS CoV2 no se fue, la pandemia cambio a un formato de endemia. Ignoramos si dormirá largo tiempo o si pronto nos sorprenderá.

Por lo tanto esta pandemia puso a la humanidad en un punto crítico, sin retorno para el necesario cambio de rumbo en el desarrollo y evolución de la sociedad globalizada del siglo XXI.

De lo correcto o erróneo, rápido o lento que los gobiernos, las organizaciones internacionales, las élites mundiales y la sociedad organizada, conduzcan este cambio, dependerá nuestra viabilidad como especie sobre la tierra.

¿Ud. cree, que será posible ese cambio que se necesita? ¿Qué le correspondería hacer?

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