Muy apreciado lector, en este séptimo domingo del Tiempo ordinario (Ciclo A), la
Palabra de Dios nos enriquece con el Libro del Levítico (Lev 19,1-2.17-18); el Salmo 102 (El
Señor es compasivo y misericordioso); la primera carta de san Pablo a los Corintios (I Cor
3,16-23); y el Evangelio de San Mateo (Mt 5,38-48). El tema central: el discípulo debe hacer
suyos los valores que Jesús, predica y vive.
Deseo compartir esta reflexión en cuatro pequeños apartados:
El contexto de este domingo. En el Sermón de la Montaña, que es el centro o el
corazón del Evangelio de Mateo, Jesús nos invita, a que, como discípulos suyos, asumamos
la perfección de Dios, a que superemos la ‘justicia ritual’ de los escribas y fariseos. En pocas
palabras: Jesús nos invita a hacer nuestra su escala de valores, que es amar, a ejemplo del
Padre, sin medida.
También, es importante resaltar, que será el último domingo del tiempo ordinario en
esta primera parte del año litúrgico, pues el próximo miércoles, es miércoles de ceniza, y
con ello empezaremos el tiempo de cuaresma.
Amar sin medida. En el Evangelio del domingo pasado, Jesús nos decía que no vino
a quitar ni una tilde de la ley, sino a darle plenitud, este domingo nos dice el cómo: “Han
oído ustedes que se dijo…. Pero yo les digo…” Esta perfección se manifiesta en un amor
sin medida a ejemplo del amor de Dios por nosotros.
Jesús nos invita a superar la Ley del Talión: “Ojo por ojo…” una ley que no era de
venganza salvaje sino todo lo contrario, era una forma de frenar la violencia, poner límite a
la venganza y hacer posible la convivencia, exigiendo que el castigo nunca sobrepasara la
ofensa. Pero también es cierto que esta ley no propiciaba la reconciliación.
La propuesta de Jesús de amar, a ejemplo de su Padre, es decir sin medida, se
manifiesta en que el discípulo debe ser agente de paz y amar a los enemigos.
Ser agentes de paz debe ser una característica del discípulo de Jesús que implica no
tener una respuesta irracional, ciega o intolerante, sino más bien, debe estar dispuesto a
‘poner la otra mejilla’, a ‘ceder el manto’ y ‘dar más de la cuenta’, es decir, a ir más allá de
la justicia matemática de los griegos, o la justicia legal de los romanos, no es otra cosa, sino
a obrar por el amor de Dios.
Amar a los enemigos implica que el discípulo reconozca que el ‘otro’, su ‘enemigo’,
es persona salida de las manos de Dios, como él; es aceptarlo y reconocerlo como persona,
como hermano, aunque haya perdido el derecho a ser tratado con justicia (según los griegos
y los romanos), pero debe ser tratado con caridad, como nos lo testimonia Jesús.
Amar sin medida es recordar que el Reino de Dios se construye cuando combatimos
la injusticia y el mal sin buscar la destrucción del ‘enemigo’; es decir, no significa tolerar las
injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal, es no destruir a las personas,
sino caritativamente ayudarlos a salir del mal (Lev 19,17).
Buscar la perfección. El llamado a la santidad es la vocación que todos hemos
recibido desde nuestro bautismo, y como nos los recuerda el libro del Levítico, a ella no se
llega a través de ritos y preceptos (también el mismo Jesús nos lo dice en el Evangelio, así
era la vida de los escribas y fariseos) a la santidad se llega cuando nos convertimos en
templos santos como nos lo dice san Pablo en la segunda lectura.
Jesús es nuestro modelo de vida, nuestro modelo de santidad, y Él desde la cruz nos
enseña que el discípulo no puede ni debe seguir generando odio, rencor, resentimientos o
deseos de venganza o haciendo el mal, sino hacer vida el Sermón de la Montaña:
generosidad, amor hasta el extremo, oración por los que nos hacen el mal, generar
esperanza y hacer el bien siempre.
Preparando la cuaresma. Fuera de las lecturas de este domingo, pero ya con la
conciencia y el deseo de preparar el tiempo de cuaresma, que inicia el próximo miércoles
nos será de mucha utilidad leer y meditar el mensaje del papa Francisco.
En el mensaje nos recuerda que la cuaresma es un camino de Transfiguración, de
ascesis en el que estamos llamados a escalar una alta montaña con Jesús para profundizar
y acoger su misterio de salvación, desprendiéndonos de la vanidad y de la mediocridad. Nos
dice que el camino cuaresmal requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, para poder llegar
a la meta donde el panorama que se abre al final sorprende y recompensa por su maravilla.
El mensaje completo del Santo Padre lo podemos leer en:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es
/2023/2/17/messaggio-quaresima.html
Estimado lector, pido a Dios te bendiga y te conceda todos los deseos y anhelos de
tu corazón, además de que nos conceda el don de hacer vida la nueva jerarquía de valores
que Jesús nos enseña. Bendecido domingo, y por favor, no te olvides de rezar por la
conversión de un servidor y la de todos los sacerdotes de nuestra iglesia diocesana.

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