La historia de la educación, particularmente en la denominada Educación Gremial de
la Edad Media, se alcanzaba el título de ‘Maestro’ por dos caminos a elegir de los
candidatos: Pasar un examen con los maestros del gremio que solía durar hasta dos semanas
con poco éxito de los sustentantes; o elaborar una ‘Obra Maestra’. Es decir, una obra única
en su género, sin imitar algo semejante.
Hablar de maestros en nuestros tiempos, es sin duda hacer referencia a los profesores,
a los docentes. Es referirnos a los hombre y mujeres que, en el aula intentan ‘educarnos’ o
enseñarnos los conocimientos mínimos, básicos de una o varias áreas del conocimiento.
Además de conocimientos, los profesores nos enseñan siempre la forma de
conducirnos, las reglas sociales y hasta la forma de expresarnos y vestirnos. ¿Quién no
tiene un buen recuerdo de algún maestro?
Usted y yo hemos tenido más de una decena de profesores -utilizo el género neutro- a
lo largo de la vida estudiantil, desde el primero hasta el último nivel que hayamos tenido y
lo extraordinario es recordarlos en su mejor momento, por lo menos a uno.
Al tamaulipeco que he de referirme hoy, fue un profesor victorense de trato sencillo,
casi siempre vistiendo de guayabera de manga corta y de color claro. Siempre con la
sonrisa en los labios y el mismo saludo parecía era muy personalizado cuando levantaba el
ala de su típico sombrero tipo Panamá.
Silvestre Ábrego Flores, hijo de un agricultor y ama de casa, que en su niñez soñó ser
médico, aunque no logró su objetivo por la situación financiera de la familia y sus estudios
los realizó en la vieja Escuela Normal Rural Lauro Aguirre, ubicada en la Ex Hacienda de
Tamatán, precisamente al descender de la Sierra Madre Oriental, por el viejo camino Real a
Tula.
Profesor de primaria, con estudios de Biología por la Escuela Normal Superior de
México, el profesionalismo del Maestro Ábrego Flores fue conocido en el estado, desde la
frontera hasta el sur, aunque es en la capital del estado donde laboró en escuelas públicas y
particulares, al lado de reconocidos docentes.
Ábrego Flores encontró la oportunidad de laborar en la Normal de Tamatán, con
clases de Ciencias Naturales, incluyendo la práctica de laboratorio de Biología, donde sin
duda la taxidermia se vuelve una pasión, misma que contagia a sus estudiantes año con año.
Rigoberto Castillo Mireles, abuelo paterno de la actual secretaria de Educación de
Tamaulipas, entre otros, fue compañero de la Normal Rural, incluso fue director de este
centro formador de docentes.
La política socialista estudiantil en los años sesenta, provocó el nacimiento de la
Federación de Estudiantes Socialistas de México, por lo que la Normal de Tamatán no
podía quedar separada de este movimiento. Más cuando se identifican varios estudiantes
que se incorporan activamente a lo que ellos consideraron su lucha.
La lucha de la Federación de Estudiantes tuvo como respuesta del Gobierno de la
República el cierre de varias escuelas Normales del país, entre ellas la Normal de Tamatán,
razón por la cual el Maestro Silvestre Ábrego se incorporó a la planta docente de la
Benemérita Escuela Normal Federalizada de Tamaulipas.
Las clases de del Maestro Ábrego siempre fueron tratadas con una pedagogía
incomparable, pues tenía a los alumnos, atentos a su discurso en el aula, pero con la sal y
pimienta de una anécdota curiosa y hasta chistosa, aparecía cuando menos lo esperaba el
estudiante, de tal suerte que siempre estaba la sonrisa juvenil en las aulas del maestro
Silvestre.
El dinamismo docente, la aceptación de los estudiantes y su alto profesionalismo
llevaron al Profr. Ábrego a recibir el nombramiento de Jefe del Laboratorio de Ciencias
Naturales en la Benemérita Escuela Normal Federalizada de Tamaulipas y el mismo cargo
en la Escuela Preparatoria Federalizada “Marte R. Gómez”.
La Escuela Normal Superior de Tamaulipas -institución privada-, contrató al Maestro
Ábrego Flores como Jefe de Laboratorio, al jubilarse del sistema educativo federal y
estatal, y como en otras escuelas, estudiantes que no estaban en su lista oficial de clases,
entraban al laboratorio para escuchar las entretenidas anécdotas desde curiosas hasta de
bromas sanas que relataba a quienes lo escucharon.

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