Quien decidió ponerle el nombre de Tamaulipas a este estado de la república
conocía, sin duda, claramente la composición del territorio. Aunque históricamente
se dice que esta decisión fue a raíz de juntar las dos Tamaulipas, la vieja y la nueva,
evocando sus impresionantes sierras, así como sus fundaciones tempranas con los
frailes en el sur y las definitivas con José de Escandón; Tamaulipas, así en plural
representa muchas expresiones, territoriales, económicas, sociales y culturales.
Este año tuve la oportunidad de recorrer muchos de sus caminos y
carreteras, visitar municipios periféricos, conocer a personas que en esos lugares
me contaron historias extraordinarias, compartieron su mesa y me hablaron de sus
antepasados. Platiqué con campesinos, artesanos, amas de casa, investigadores,
autoridades ejidales, maestros, y todos estaban orgullosos de su tierra, su
patrimonio y su paisaje.
Disfruté paisajes extraordinarios y diversos en Tamaulipas, como el bosque
de pinos en La Chona, la aridez de Cruillas en el Santuario del la Virgen de
Monserrat, las bocas de mina en San Nicolás, la arena blanca de la Barra del Tordo,
las calles antiguas y solitarias de Burgos, el bullicio de Ocampo.
Pero en cada lugar, en cada momento, en cada espacio, ahí donde me
detenía hubo siempre una historia que evocar, un patrimonio cultural que conservar,
un espacio natural para disfrutar. Todo diverso, las personas, los monumentos, las
comidas, las costumbres, los recuerdos.
Hace algunos días recorrimos la carretera hasta llegar a Texas y es
impresionante la cantidad de vehículos que vienen del norte y pueblan la arteria
principal que cruza a Tamaulipas del Norte a Sur.
Siendo la ruta más rápida para llegar del centro del país a la frontera con los
Estados Unidos, pienso en las miles y miles de personas que pasarán estos días
por nuestro estado e ignorantes de nuestras riquezas seguirán de largo.
Lejos han quedado los días de terror, de confinamiento, de abandono. Ahora
me parece que es un momento propicio para que, aprovechando la temporada de
descanso, salgamos a recorrer los caminos de Tamaulipas, en corto, sin tanta
impedimenta, visitar El Chorrito y comer asado, si usted vive en Victoria pase por el
Carmen a comprar naranja.
Si vive en Tampico, vaya a la Barra de Tordo a comerse un pescado frito, si
vive en la frontera visite Camargo y Mier. Pero si realmente quiere un momento de
silencio y tranquilidad, viaje a Casas, San Carlos, Burgos, San Nicolás, Bustamante,
Miquihuana.
La amabilidad tamaulipeca siempre le orienta donde comer, dormir y qué
visitar. Reconocernos a nosotros mismos, valorarnos, disfrutar nuestra riqueza es
una tarea pendiente de muchos que habitamos este territorio. Ahora es un momento
propicio empezar, sin prisa y con mucho gozo.
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