¡Feliz Año Nuevo Litúrgico!
Con dicha felicitación nos unimos a toda la Iglesia Católica que inicia un nuevo año
litúrgico y que nos anima a vivir con mayor piedad, devoción y decoro todas las
celebraciones litúrgicas. Que, con el nuevo año litúrgico, podamos tener santos
propósitos de vivir junto con la Iglesia los tiempos litúrgicos desde el adviento hasta
la pascua.
Hemos iniciado el tiempo del Adviento, el sacerdote usa ornamentos de color
morado y no se canta el Himno del Gloria, la Iglesia espera. El tiempo del adviento
es momento oportuno para meditar sobre como nos estamos preparando para la
Navidad. Vivamos con esperanza este tiempo de adviento que la Iglesia nos ofrece
para la celebración de la llegada del Salvador.
En el Evangelio del primer domingo de Adviento se nos invita a que no vivamos
como si no hubiera esperanza, como si no hubiera un motivo más profundo para
nuestras vidas. No podemos “vivir” como si Dios no existiera o como si la vida fuera
un acumulamiento de experiencias sin sentido.
Como católicos, estamos llamados a vivir este tercer milenio con nuestra mirada
puesta en Dios, que nos llama continuadamente a vivir en su proyecto que consiste
en realizarnos de acuerdo con los valores del Evangelio.
Las cosas que hacemos y todas aquellas que pertenecen a nuestra experiencia
humana, adquieren otro sentido cuando Dios es el centro de la vida. ¡Cuánto bien
hacemos cuando nos unimos al proyecto de Dios y a sus designios!
Así pues, el que se casa, el que come y bebe con su familia puede obtener muchos
frutos espirituales si Dios está insertado en ese proyecto de Vida. En todo lo que
vivimos y realizamos aparece la voz de Dios que, como en tiempos de Noé,
continuamente nos llama a que no perdamos de vista su proyecto.
En estos tiempos, en donde abundan muchas “voces” debemos aprehender a
discernir la voz de Dios que nos invita al bien, a la verdad, a una vida recta, a una
vida en donde hay esperanza en nuestras vidas. Los católicos tenemos en la voz
de los Evangelios, en el Papa, en el magisterio y en los obispos la garantía de que
recibimos la voz del Maestro Jesús de Nazaret que nos invita a sumarnos a su
proyecto que es el Reino de Dios.
En el proyecto del Maestro Jesús de Nazaret, estamos invitados a subirnos al arca
de la Iglesia Católica. En el evangelio que hemos escuchado en nuestras misas,
Noé también comía y bebía como todas las personas de su tiempo, pero a diferencia
de los que no entraron en el arca, Noé tenía claro dos cosas: la primera que escuchó
la voz de Dios y la segunda que se sumó al proyecto de Dios obedeciendo al
construir el arca que le había pedido.
La Iglesia nos invita en este tiempo del adviento a tener las mismas actitudes de
Noé, el escuchar la voz de Dios y obedeciendo a lo que Dios nos pide. No olvidemos
que Dios en sus santos designios y en su santa voluntad, siempre buscará el bien
para nosotros.
N.b. En este tiempo de adviento que estamos por iniciar, invitamos a todas las
familias católicas a colocar, desde sus posibilidades un nacimiento en sus hogares,
recuperemos esta hermosa tradición de nuestra fe católica y manifestemos con
orgullo nuestra alegría de celebrar el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo.
Con mi oración, cercanía y gratitud.
Pbro. Andrés Figueroa Santos

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