Llegó a Ciudad Victoria en medio de la efervescencia de formar historiadores
profesionales en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, en el proyecto
cabildeado por la doctora Carmen Olivares con autoridades del Instituto de
Investigaciones Histórica de la UNAM.
Después de una gran pasarela de grandes académicos que vinieron a
impartir cátedra, primero en la especialidad y después en la maestría en Historia,
Gerardo Lara palidecía en medallas ante un Álvaro Matute, un José Rubén Romero,
Pedro Salmerón y otros connotados académicos.
Él era una joven promesa, un becario dedicado, un investigador acucioso,
con el perfil indicado para quedarse al frente de la titánica tarea de armar, coordinar
y conducir la apertura de la licenciatura de Historia en la UAT. Contaba sí con todos
los avales de esas grandes figuras académicas que lo habían conminado para que
viniera a Ciudad Victoria a hacerse cargo de ese proyecto.
Fue entonces cuando lo conocí dando clase en la maestría en Historia a un
grupo diverso de profesionistas que mucho, poco y nada entendían de la Historia
como disciplina científica, cuyos egos e ideologías, chocaban permanentemente e
intentaban hacer de las clases, una arena política.
Entonces el Maestro Gerardo pausaba la voz, guardaba silencio y después
de una pausa prologada retomaba el hilo de su disertación. Nada lo alteraba, nada
lo sacaba de quicio, nada lograba reventarle la clase. Después lo designaron
director para mi tesis y fue cuando tuve la oportunidad de conocerlo de cerca.
Entregado totalmente a la investigación y el estudio de la Historia, riguroso, pulcro,
paciente, con agudeza crítica, inflexible, gran conocedor de los temas históricos,
pero sobre todo generoso con sus saberes.
Seis años estuvo en Ciudad Victoria cumpliendo con la encomienda de
coordinar la licenciatura en Historia, después volvió a la Ciudad de México y se
incorporó como investigador al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.
Desde entonces, cada que le es posible, regresa a Victoria a compartir con sus
exalumnos y con los actuales alumnos de Historia sus conocimientos.
Hace algunas semanas estuvo en la capital tamaulipeca, donde presentó el
libro de Fernando Olvera Charles, Doctor en Historia y quien fue su alumno hace
más de 15 años; convivió también con otros doctores que fueron sus alumnos y
ahora son los profesores de la carrera.
El proyecto de formación de historiadores que la doctora Olivares Arriaga
trazó hace más de 20 años para Tamaulipas y para la UAT, está cristalizado y ha
dado frutos. Pero sin duda el doctor Gerardo Lara Cisneros es el gran formador
académico de este proyecto, no sólo porque sus alumnos son ahora profesionales
de la Historia, sino también porque sigue colaborado generosamente con las nuevas
generaciones, al impartir seminarios y establecer diálogos académicos con los
estudiantes, cada vez que visita la UAT. ¡Gracias Maestro!.
E-mail: [email protected]

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